14 de mayo de 2012


En cualquier ciudad como en Barcelona…

Diógenes y yo….

Me encantan las cosa antiguas, no lo puedo evitar. No es que recoja todo lo que encuentro en los contenedores pero frente a un mercadillo, un desalojo o una subasta, me asalta un instinto carroñero que soy incapaz de controlar. Vaya, que es estar frente a un tenderete y entrar en zona roja como un Pitbull.

El viernes, por ejemplo, recibí el chivatazo de que por problemas económicos un pequeño teatro del Raval cerraba sus puertas y ponía a la venta todo que lo que había en su interior. Mesas, sillas, attrezzo, telas y hasta la madera del escenario estaban al alcance del que fuera más rápido en llegar. Evidentemente mi instinto me dio un picotazo y rauda y veloz me fui al faranduleo en busca de algún objeto lleno de historia que llevarme a casa. Pero una vez allí supe que algo no iba bien.

Para empezar, no había nadie, nadie como yo quiero decir. Y si bien a veces es una ventaja estar sola frente al botín, en aquella ocasión el sentimiento de horrendo protagonismo se convirtió en desasosiego al tener de guía a la dueña del lugar. Con una gran educación y el desparpajo de la Pantoja, aquella divina del paralelo me acompaño por el teatro mostrándome lo que se vendía y contándome su historia, que por desgracia, tocaba a su fin. Y siempre recordaré que fue frente a un hermoso piano a 500€ negociables que me pregunté ¿Qué estás haciendo? ¿Es que estas sorda? Diógenes ¿Por qué no te callas?

Me di la vuelta y le dije que lo sentía, que sentía muchísimo lo que estaba pasando, que sentía que su sueño se esfumara, que tuviera que venderse la historia y que yo no quería formar parte de aquello. Una vez en la calle, con las manos vacías pero con la culpabilidad por las nubes, no podía dejar de pensar en lo que había estado a punto de hacer. Supongo que mi afición pierde toda diversión si le pongo rostro al objeto porque entonces no sólo negocio precio sino también sentimiento, y eso, a día de hoy, a mi me cuesta.

Sinceramente, no sé en qué momento cruce la línea que separa la recolección añeja de la invasión sentimental pero si algo tengo claro es que a las “cosas” que tengo en casa me las miro con bastante más respeto, porque ahora son sólo eso, objetos, pero ¿Y si un día se despierta ese instinto sangriento a nivel relacional? ¿Existe un Diógenes emocional?

En un mundo dónde el ser humano cada vez está más sólo la acumulación de atención, amigos y amores parece ser la tónica a seguir sin importarnos el uso, o en su defecto el desuso que hagamos de semejante entrega una vez pasada la primera emoción. ¿Pero qué ocurre entonces? Quererse a uno mismo es inocuo pero acumular sentimientos ajenos por el mero hecho de tenerlos ¿Nos convierte eso en enfermos modernos? ¿Somos realmente queridos o sólo somos un sentimiento más en una relación de posesión sin compasión? ¿Cuanto amor del bueno es el humano capaz de demostrar? ¿Hemos llegado al punto de pánico de no estar solo que necesitamos, ni que sea, estar “mal acompañado”?

En fin, yo sólo puedo decir que una vez más el teatro me dio una lección y que Diógenes no me cae tan bien como me pensaba, de hecho, creo que lo nuestro no va a ninguna parte y es que hoy por hoy, tenemos diferencias irreconciliables y eso, no hay tenderete que lo arregle.

5 de mayo de 2012


En cualquier ciudad como en Barcelona...

Un día de ocho perros



Antiguamente las personas median la dureza de las condiciones climatológicas según la cantidad de perros que debían acostar a su lado para no morir de frío y de ahí la expresión “una noche de perros”.

Sabido el origen me simplifica bastante la definición de mis días ya que cuantificar la maldad de los mismos se ha convertido en algo más ameno. Mis días malos han pasado de ser sólo vulgares días a ser días de un perro, en el mejor de los casos, a ser un día de manada en aquellos casos que la fatalidad ya te espera al borde de la cama en cuanto suena el despertador.

Pues bien, ayer tuve un día de perros, de ocho perros. No es que tuviera a Murphy desayunando en la cocina  pero sí que estaba apoltronado en mi silla en cuanto puse un pie en el estudio. Y es que ayer, para aquellos que no lo sepáis, fue el día internacional del tonto y todos mis clientes sin excepción, lo celebraron a bombo y platillo. Durante ocho interminables horas me dedique a lidiar con la tontería ajena que, orgullosa de su condición, se reafirmaba a cada paso sorprendiéndome con nuevas estrategias para sacarme de quicio. Y la vuelta a casa no fue mejor.

Ver una persona partida en tres trozos no es lo que una espera cuando vuelve a Villa Lebou pero lo peor, si hay algo peor que ver a una persona atropellada por un tren, es que no era la primera vez que lo veía pero se me había olvidado. Que queréis que os diga, crecí cerca de un paso a nivel y en un mal barrio donde los forenses eran tan comunes como los barrenderos. Todo aquello volvió a mi memoria por mucho que apartara la mirada pero cuando lo tienes a un palmo de la cara, el barrido visual es inevitable, como inevitable fue ver a otro chucho haciendo cola para arremolinarse a mis pies.

Una vez en casa, dos horas más tarde, decidí que sacar a pasear a mis dos perros, los de verdad, me serviría para relajar un poco el día… inocente. Pasear a mis perros sólo tiene un problema, que mi perra es una maldita zorra escapista. Su juventud e independencia viven exclusivamente para hacerme sufrir y ayer, por si no iba bien acompañada, a la Queen de la casa le pareció buena idea irse con otra persona, a otra casa, mira, por probar. Así que allí estaba yo, en mitad de la montaña, con una fugitiva calle abajo con un tio al que no conocía, corriendo y gritando como una histérica mientras me fijo que el coche aparcado en mi calle no es más que un picadero móvil de dos tortolitos a los que mis gritos han provocado un coitus interruptus.

Al final la recuperé pero aún me faltaba la guinda del pastel, cuando a esas horas, servidora ya iba más rodeada de perros que Cesar Millán. Y es que en mitad de mi caos montaña, perra e histeria,  al señor de la casa no se le ocurrió nada mejor que decirme que volviera a casa, que la Houdini volvería cuando le diera la gana y la verdad, en mitad de un ataque de pánico materno-canino no era lo que quería escuchar. Así que mi gran día acabó en una bronca monumental marca de la casa, morros para el resto de la velada y a dormir, que por suerte los días a veces sólo tienen 24 horas y mañana será otro día ¡Nos olemos!

4 de marzo de 2012

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Todos queremos a Jack

Ayer leí como definían a un asesino como un personaje claramente histriónico y por ello culpable porque, por ejemplo, no soportaba oír a la gente masticar cuando comían. Inmediatamente pensé ¡Aí mi madre que soy una psicópata! Pero no. El todopoderoso Google y su consorte Doña Wikipedia me sacaron de la duda lanzándome de nuevo al montón de los normalitos. Qué le vamos a hacer.

Supongo que condicionó el pensamiento el hecho de llevar una semana un poco abarrotada de personajes singulares hasta el punto de creerme una más de este Rat Pack mental, cuando al fin y al cabo, solo soy una voyeur eventual. Y es que estos días han sido de lo más variado y después de conocer a una señora y a su bebé, que en realidad era un loro, a verme interceptada por un ejecutivo en plena conferencia imaginaria y a disfrutar de un streptease integral mientras el artista se comía un bote de garbanzos al son de contoneo, el punto álgido llegó cuando me tropecé con mi Jack Nicholson barcelonés.

Jack sufre un trastorno maniaco compulsivo y la verdad es que es algo muy curioso de ver, aunque para ser sincera, yo al hombre lo vi apurao por la multitarea. Con prisa pero sin pausa dio tres toques a cada escalón, siguió con el dedo cada raya de las baldosas de la pared, se agachó en cuclillas cada 10 pasos, tocó tacón contra tacón cuatro veces exactas cada pocos metros y ni una sola vez pisó la línea blanca central del andén, y todo eso en tres minutos y sin despeinarse. Ojo que ni una mujer hace tanto en tan poco.

El caso es que impresionada por haber visto a Jack decidí compartir el momento con la gente del estudio. Pues mi cara de estupor quedo como un mísero tic facial al ver que, no sólo no se inmutaban, sino que algunos reconocían con la mayor naturalidad que ellos también lo hacían. Bueno, lo de ser madres de un loro o bailar en pelotas mientras comen garbanzos no, al menos públicamente, pero si hablar solos en voz alta por ejemplo, o el hecho de sentirse identificados con las capas más básicas del comportamiento de Jack. Algunos me confesaron que encienden-apagan-encienden la luz antes de entrar en una habitación, que se colocan las zapatillas en una posición concreta paralela a la cama o que no salen de su casa si no han revisado que todos los cuadros están rectos. Y yo preocupada porque no soporto ver comer a la gente… acabáramos ¡si soy la cosa más sanota de este mundo!

Lo más curioso del tema es que si no hacen todo eso creen que algo irá mal, que pasará algo malo que ellos mismos han provocado al no efectuar correctamente la secuencia, y de nuevo pensé en Jack. ¿Qué pasaría si un día era incapaz de completar sus secuencias? ¿Se subiría al tren de todos modos o detendría su vida en aquel instante para volver a poner todo en su lugar después de sus tan necesarios tres toques, cuclillas, seguimientos y taconeos? ¿Era su cara de angustia la viva imagen de su responsabilidad con el mundo? ¿Y todos los demás, de veras somos tan distintos a Jack?

Para muchos de nosotros el rutinario equilibrio de nuestros días se basa en una extraña mezcla de aparente normalidad y el estrés sistemático de creer que la calma sideral recae sobre nuestras acciones, que inacabadas, nos llevan a la angustia del que pasará o a la certeza de la tragedia por nuestra “irresponsabilidad”. Hacer o no hacer, esa es la cuestión… y la complicación.

En cambio para Jack, la cosa no funciona así. Vale que no me gustaría parecer una aspirante a Saturday Night Live, pero me impresiona su capacidad de asegurarse la existencia bajo la simplicidad de funcionamiento que tiene su universo. Imaginaos por un momento que fuera cierto, que alguien os asegurara que si cada diez pasos das una palmada, por ejemplo, no ocurrirá nada malo en tu vida, que todo estará en orden, sin problemas, sin dudas, sin complicaciones ¿no lo haríais?¿no os aseguraríais la calma a cambio de un gesto? Si el miedo de lo no cumplido nos hace dudar y el dudar enfermar ¿Qué loco no quiere ser como Jack?

9 de diciembre de 2011

En cualquier ciudad como en ... Barcelona

1.2
La vida es demasiado corta para beber mal vino.

23 de noviembre de 2011

En cualquier ciudad como en… Barcelona

El Reflejo

Muchas veces veo a personas a las que sin más, abofetearía. Acostumbra a pasarme con gente con la que comparto a diario los trayectos de ida y vuelta a villa Lebou y con los que, quiera o no quiera, he establecido una relación de indiferente dependencia. Recuerdo con especial cariño a una chica con la que compartí asiento durante dos años y que se libro del bofetón porque por suerte o por desgracia, no me crie en una cueva.

Ella, así la llamaré, era muy ordenada y su ritual viajero, mi pesadilla. Una a una se iba quitando, doblando y dejando sobre el regazo sus prendas de abrigo, cada día el mismo orden, la misma secuencia. Después, abría su impoluto bolso y del tercer bolsillo interior derecho sacaba los auriculares que llevaba en una funda, doblados perfectamente y con el hierro de fábrica que es igualito al del Pan Bimbo ¡Y que no hay persona mentalmente sana que conserve una vez estrenado el chisme! Bien, después de eso guardaba el hierrito en la funda, la funda en el tercer bolsillo interior derecho y del mismo sacaba otra funda con el reproductor de MP3 que aún conservaba el plástico protector de la pantalla. El volumen ni muy alto, ni muy bajo, pose y peinados perfectos y cero expresiones en el rostro que me hiciera percibir un ápice de imperfección en ella, en cambio, yo era la viva imagen de la desesperación. Con el rostro desencajado me preguntaba día tras día que había hecho yo para merecer semejante sádica enfrente.

Con que ganas le hubiera revuelto la ropa, el pelo, coger aquel bolso y blandirlo al aire y en un alarde de humanidad totalmente justificado gritarle ¡Niña, a las muñecas lo primero que se les hacía era quitarles el precinto del pelo! Por desgracia yo me fui de Barcelona y allí terminó nuestro idilio pero en aquella relación, yo iba muy en serio, os lo aseguro.

En estos días me he releído un viejo libro en el que narra la creencia de los aborígenes australianos que afirman que cuando te sientas en un círculo, aquel que tienes sentado frente a ti es tu reflejo en la vida. A mi mente volvió ella y el escepticismo de la afirmación aborigen pero ¿Fue sólo cuestión de tiempo que esta afirmación no se cumpliera?¿y si ella fuera mi reflejo invertido?¿si era taaannnn ordenada era para reflejar mi propio caos? El caso es que desde que sé de semejante creencia cuido mucho frente a quien me siento y debo reconocer que la cosa no va demasiado bien, y lo intento, no os vayáis a creer. Con ojo avizor busco a la persona adecuada con la que compartir viaje pero entre los habituales no hay mucho donde escoger y estos últimos días me he visto “reflejada” en una “distraída”, una borracha, una sumisa y un sinfín de reflejos a cual más fustigador.

Por suerte la terapia es caduca y a cada viaje nuevas oportunidades ¿pero qué ocurre con aquellos con los que vivimos de frente? ¿Acabamos siendo el reflejo de nuestras relaciones? Si dos personas comparten vida ¿acaban compartiendo características comunes? Es una ciencia cierta que ciertas parejas acaban pareciéndose físicamente y que aquellos que creyeron nunca cambiar se rinden al “reflejo” de su amor ¿pero es el Reflejo una condición escogida o bien una inevitable profecía? ¿Dejamos de ser lo que somos por ser aquellos que reflejamos?

Yo por mi parte seguiré cuidando que mi “reflejo” sea sólo mío, y si el sucumbir es inevitable, al menos, que se me vea estupenda.

11 de noviembre de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Al otro lado de la cama


Se de un bar en mi ciudad que, en un claro ejemplo de bipolaridad comercial, pasa del diurno Bareto al nocturno Rabote con un simple cambio de prioridad. Si en el diurno Bareto se sirven cafés, cañas y donuts, al nocturno Rabote le toca hacer honor a su nombre dejando a los Itos en la acera y llenándose de Otes hasta donde alcanza la vista. Es fantástico.

Con semejante descubrimiento no puedo sino preguntarme ¿sabrán los fieles del Bareto la existencia de su alter ego nocturno? Y en caso de descubrirlo ¿Le seguirán teniendo en tan buena consideración después del despertar? ¿Y nosotros mismo? ¿Seriamos capaces de aceptar al Rabote que todos llevamos dentro?

Nunca me había planteado si yo sería capaz de semejante aceptación, hasta que una nocturna sobremesa y vinos de la región me ofrecieron la posibilidad de poner a prueba mi honestidad. Pues quien me iba a decir a mí que soy genéticamente perfecta para aceptar sin inmutarme el lado más oscuro de los humanos conocidos, vaya que no Rabote ajeno que me sorprenda.

Supongo que ayuda el hecho de haber crecido en cuna mafiosa y a la convicción de que todo el mundo tiene algo que ocultar. Sinceramente, me llena de tranquilidad saber que entre mis amigos tengo a yonquis, putas, puteros, delincuentes, infieles y a los más acérrimos libertinos. Ai de los libertinos amigos, con todo ese amor para repartir en dosis individuales, dobles o en una gran puesta en común. De su amplitud y libertad sexual hago mi referente ya que me obliga, como mínimo, a poner en perspectiva la simplicidad de mi existencia y a darle a las cosas, una vez más, la importancia que merecen.

Aquellos que nos rodean y a los que creemos conocer se mueven entre las aguas de lo público y lo oscuro poniéndonos a todos, al fin y al cabo, bajo el mismo rasero de humanidad. ¿Pero qué ocurre si centralizamos la teoría al otro lado de la cama? ¿Aceptaríamos con la misma naturalidad el Rabote del amado? ¿O preferíamos aferrarnos a la ceguera del “él/ella nunca lo haría”?

Supongo que la subjetividad de la moralidad juega en este caso el poder de aceptación y que el amor puesto a prueba pinta de gris lo más oscuro, pero ¿por mucho que pintemos, seguiríamos viendo y sintiendo lo mismo? ¿O ponerle cara amada a la oscuridad, aniquila al amor? ¿Preferimos vivir en un eterno Bareto o por el contrario nos da vidilla un buen Rabote?

Personalmente prefiero pensar que en mi cama no todo lo que veo es lo que hay pero si todo lo que conozco y que aunque duerma junto a un cielo a veces negro, siempre puedo pintarle un mar de estrellas.



4 de agosto de 2011

En cualquier ciudad como en… Barcelona

Tres horas y una verdad


Nunca he sabido gestionar demasiado bien el poder de la fe, es decir, que soy de mal conformar. La vida me lanza sin piedad torpedos vitales de madurez que resignados los demás, a mi me provocan unos rebotes prodigiosos por considerar, que ni el tiempo, ni el lugar son los apropiados. Sin embargo, llegan momentos donde nada puede evitar la masacre y ahí estas tu, rodeada de realidad en el lugar menos adecuado esperando que, por esta vez, no te estalle en plena cara, o en este caso, en pleno concierto.

Acudir a un concierto es una de mis válvulas de escape favoritas porque no existe lugar más políticamente correcto donde poder gritar, sudar y desafinar tanto como te plazca y si además es a buen ritmo mejor que mejor. No obstante debo reconocer que esta vez había algo extraño en el ambiente, un no sé qué que qué sé yo cósmico inquietante y eso no era más que la Realidad.

La primera vez que la note fue en el coche de camino al evento cuando, vestidas como rockeras de pro, gire el rostro 90º y por el rabillo de reojo vi la primera señal: La sillita del bebé. Donde antes habían trenchs, Marie Claires y muestras de Channel, ahora gobierna el trono del rey de la casa y juro haber visto a la Realidad sentada a su lado gritándonos ¡Conductora eres mamá, eres mamá! ¿Y tú? ¿Porque demonios tienes otro perro? ¡Ten un bebé! Ante semejante bofetada, me gire, subí el volumen y la ignore descaradamente.

Una vez dentro del concierto pensé que ya estábamos a salvo porque allí la Realidad no puede entrar por exceso de sueños y porque una vez suena la música trabajamos arduamente para volver a los 15 cuando entre yo y mis dos compañeros de delirio superamos el siglo. Pero no, porque si te sabes TODAS las canciones, reconoces todas las variaciones, acordes y bailes del directo y a la segunda canción ya tienes al páncreas pidiendo clemencia, chica has visto muchos conciertos y en consecuencia, los del escenario también.

Nunca está de más saber que la cirugía estética es como la alta costura, hay que saber llevarla. Y es que la línea que te separa de parecer un Basset Hound (ese es mi nuevo perro) de ser un cañonazo for ever es muy fina, y aquel día, en aquel concierto, tenía la variedad que no el gusto de semejante rotundidad.

Sin embargo, no fue la sillita, ni el botox, ni siquiera el planteamiento de los ejercicios de Kegel Como una necesidad al aterrizaje lo que me hizo detener mi sueño rockero en seco. Fue ella, la mujer de 40 años que de repente vi bailando a unos metros de mí. Pantalón al sobaco, jersey con hombreras, bolso cruzado y victorias como atuendo envolvían una pose lúdico-festiva de aquellas tan propias como diabólicas. Porque vamos a ver, separar ligeramente las piernas, poner el culo en pompa y levantar dos veces cada pie acompañando semejante aberración de una palmada a destiempo no es bailar!! Y es una desfachatez y un insulto a la humanidad usar la misma “coreografía” tanto para un rotundo Living on a Prayer como para Paquito el chocolatero!! Amos hombre. Saltar y gritar, saltar y gritar señora, inténtelo, se lo suplico, no es tan complicado.

Por suerte, no fui la única que en fijarse en aquello, y si en su momento S. y yo nos prometimos mutilarnos mutuamente si llegábamos a no vestirnos acorde a nuestra edad, esta vez el juramento fue sentencia a un veredicto de pena de muerte.

Dicen algunos que las niñas maduran antes y mucho me temo que de ahí deriva el problema ¿Por qué? ¿Porque las mujeres llegadas a cierta edad debemos acogernos al decálogo de la buena mujer adulta? ¿Porque en aquel concierto en realidad, sólo las mujeres nos cuestionábamos estar donde estábamos, y más aún, haciendo lo que hacíamos? ¿Porque a una mujer ya le vale y un hombre vive la vida?

A los varones la carencia de madurez les sirve para tildar de síndrome semejante liberación, ellos son solteros y nosotras solteronas. A mí se me pasa el arroz y él es como el buen vino. Si no tengo hijos me quedo incompleta dicen ¿y qué les pasa a ellos? ¿se les cae un huevo?. ¿Llegados a este punto debo tener fe en que la realidad me ponga en el camino recto de la madurez? ¿Qué ya está? Pues lo siento pero no. Casi siempre recuerdo muy bien cuantos años tengo y mi carnet de responsabilidades esta al completo, os lo puedo asegurar, pero a partir de ahora se me buscáis, no os olvidéis de preguntar por Pan… Petra Pan

23 de mayo de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona ...

la proximité dernière

Nunca creí que moriría como un miserable ratón. No pensé que aquí, entre hierro, piedra e indiferencia tendría lugar mi último acto. Siempre imaginé una muerte heroica, devorado por un fiero felino gigantesco después de una contienda a muerte, arrollado por la bestia tras salvar a una bella dama, pero la vida no me ha tratado bien, ni siquiera, para darme sepultura.

Cierto es que a lo largo de los años he sido bendecido con numerosos placeres, la mayoría de ellos tan viles como carnales, pero de todos ellos apenas uno o dos recuerdos que llevarle al barquero. He amado con lujuria y asiduidad enfermiza, sí señor. Obesas, flacas y alguna que otra rata pero todas ellas hermosas para mí. Diosas que llenaron frugalmente mi vacio poniendo a buen recaudo el amor para alguien que lo considerara necesario. Sí, he amado y he bebido hasta morir los elixires hechos para olvidar, pero terco se rebela el espíritu del maldito pues ni olvida, ni muere.

Ai pobre de mí, he amado, he bebido y he vivido en este mundo glorioso entre pies, vidas y llantos de gigantes tan confundidos como yo mismo. Pude irme… sí, pude irme a espacios abiertos, a noches pactadas, a naturalezas supuestas a mi condición, pero adicto al acero soy, y por ello muero.

Noto el frio que acompaña al epitafio, seré abatido y olvidado, indignado cuerpo sin historia ni gloria, pobre de ti. Yacerás ignorado hasta que el tiempo que ahora nos es negado cumpla con la cruel premisa de convertirte en aquello que dicen fuiste. No cuerpo mío, la vida no nos trató bien.

Ya veo la luz al final de túnel. Se acerca como siempre pero esta vez, la cobardía que me adora me abandona. Del latido entonces me despido más al suspiro no miento, por si este también decide, abandonarme antes de tiempo […] ¿Qué voz me habla? Omnipresente que al final de mi vida acompañas no ruegues al ratón que disculpe las molestias y cédele la muerte trágica de un gran poeta, de un valiente, de un héroe o de un anacoreta. Guillotina rápida o lento veneno poco importa cuando a ambas he abrazado tantas veces con el ánimo intacto y el ego inflado… más ahora soy viejo y por primera vez, lloro y muero sin saber porque.

Ya está aquí, ya se acerca… ahora veo a las almas que nunca creí tener cerca. Ellos me miran, yo les miro pero en sus ojos no veo asco, sino alivio. Otro ratón muerto pensaran y no me quejo pues como miserable vivo y ya como miserable… muero.

4 de marzo de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona…

De aves y hombres

Quedarme paralizada en la butaca de un cine es algo que no acostumbra a ocurrir. Pero salir a la noche Barcelonesa sin poder articular palabra durante 10 minutos con tu compañera de trauma porque estáis en pleno estado de shock, eso sí que es algo que rara vez volveré a experimentar.

Supongo que la catarsis se acentúa por el hecho de ser un contexto como mínimo familiar y porque el tema a destripar, en este caso, es la perfección. La utópica perfección, que si a algunos lleva al extremo como sabia lección aprendida a golpe de fotograma, a los mundanos nos provoca un tenue deje de amargura. Por mucho que digamos que no existe todos la buscamos ya sea en nosotros mismos, de ahí la operación bikini, las tele tiendas, los masters, el secreto e Inditex, como en volcar su falta en los que nos rodean.

Ai hipócrita de aquel que no tenga en las personas compartidas un defectillo a pulir, una pullita que soltar o un reproche, aunque sea pequeñito, guardadito en el corazón. Queremos ser y que sean perfectos, queremos cambios y cambiar, queremos ser antes que estar y para ello no hay remordimiento si lo tildamos de amor.


Cambiante como el amor creo que es la perfección y de Rubens a Nolita tampoco han pasado tantos años, para que nos vamos a engañar. Lo que vale ahora pronto no valdrá y aquello por lo que bebíamos los vientos se convertirá en imperfecto a causa de la costumbre o el hastío, vete tú a saber. Aunque siempre quedará la esperanza de convertirlo de nuevo en perfecto. Siempre supe que Blancanieves era un poco facilona, que la bella durmiente lo que tenía era mucho cuento y que photoshop supera con creces a Lourdes, pero aún sabiéndolo, aún siendo consciente de semejante atajo de mentiras, siempre tengo que recordarme que lo que fue siempre será y que eso, es lo que me gusta.

El caso es que gracias a Chaikovski, al Enveloppé y a los espejos, una servidora ha tenido la terapia necesaria para verse tremenda y encantadoramente imperfecta, eso sí, un lago siempre será un lago y la piel … de cisne
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14 de febrero de 2011

27 de enero de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona…

La Furia de Pandora


Encontrarte un Martes a las 6 de la mañana a -2, tirada en una estación porque al maquinista de tu tren no le parece suficientemente cómodo su asiento, es algo que te hace empezar el día teniendo la película “un día de furia” como dogma de vida. Que luego me dejen en tierra de nadie durante 40 minutos más tampoco ayuda la verdad y mucho menos, si tengo que vivir las enervaciones ajenas de aquellos que como yo, comparten hastío, madrugada y mala leche.

Que si señor maquinista, que quizá usted tenga toda la razón del mundo, pero hombre, las cosas así no se hacen, que eso de copiar a la elite de los cielos es muy vulgar, un poco de imaginación sublevadora … una huelga nipona nos iría de perlas, por ejemplo.

Que si señora, que usted también tiene toda la razón, que no hay derecho, que no pueden seguir tratando a la gente así, que ya está bien, diga que si señora que su tiempo no hay quien lo pague, que esto es el tercer mundo… Jesús lo que cabe en ese cuerpecito.

Si buen hombre, ya sé que la culpa es de los políticos, mucha crisis, mucha crisis ¡ladrones, que son todos unos ladrones! Y ya le digo que no le falta razón, esto en Europa no pasa ¿le digo que estamos en Europa? No, mejor no. Pues así, hora y media. Estoy por encenderme un cigarro y dejar que me persigan con antorchas y palos haber si desviando la atención…

El caso es que abrir la caja de Pandora siempre ha sido peligroso y mucho me temo que a día de hoy ya estamos en jornada de puertas abiertas, un pasen y vean, un aún hay más. La gente a pasado de estar preocupada a estar furiosa, de ir tirando a sólo ir y en este mundo del sálvese quien pueda, ni a la diosa se le escapa que quizá ha llegado el momento de echar la llave. Estamos exhaustos, perdidos y acojonados ¿Así que, qué me dices Pandora? ¿Te marcas una ERE?

25 de enero de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona ...

1.1
A veces tengo miedo y necesito parar un poco, respirar hondo varias veces y repetirme a mi misma que todo va a estar bien.

16 de diciembre de 2010

9 de diciembre de 2010

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Sumun Odium

Un día una bruja me dijo que yo era una criatura muy antigua, así, tal cual. No había acudido a una cita esotérica pre pagada con mi voluntad, ni yo sabía que ella era dama de magia e intuición superlativa pero me dejo a mí y a mi antigüedad presas del escepticismo más descarado que jamás haya sido capaz de demostrar. Al preguntar él porque, me dijo que mis sentimientos era demasiado profundos y que la rabia, la fuerza y el odio me mantenían protegida, pero que aquello, era bueno para mí. Evidentemente no le hice más preguntas ni ella más revelaciones, yo por miedo, y ella por respeto supongo.

De camino a casa, aparte de confirmar y reafirmar mi capacidad para meterme en situaciones surrealistas, no podía parar de darle vueltas a las palabras de aquella “bruja”. ¿Se puede ser persona de odio fácil? ¿Es el odio de verdad una protección y por tanto un buen sentimiento? Y de ser así ¿Quién es el encargado de decidir la inocuidad de lo que sentimos?

Hay personas que son de lágrima fácil, de risa fácil e incluso aquellos que se enamoran fácilmente, y si bien a tales virtudes nadie las malifica, creo injusto que al odio se le mire de reojo. Romeo decía que mucho se puede hacer con el odio, pero mucho más con el amor. Cuánta razón tenía el enamorado universal al citar en la misma frase a sendos sentimientos que comparten, a mi entender, tan fina frontera. Tampoco creo que todos los sentimientos sean buenos y entiendo que el odio no entre en el grupo de los benditos, pero me parecen más exultatemente inapropiados los celos, por ejemplo, o la mala educación.

Si del amor al odio va un paso, a la codicia se la tilda de ambición y a la envidia de admiración ¿somos lo que somos por lo que sentimos o adaptamos su nombre a quien lo siente? ¿Soy una mala persona por odiar sin actuar o puedo tildar a mi odio como una virtud a medio interpretar? ¿y el amor? ¿Es siempre un buen sentimiento o llegamos a odiar lo que amamos como evolución inequívoca del amor?

Dicen que el roce hace el cariño pero me asusta pensar que el cariño hace el odio. Muchas de las amadas fueron odiadas hasta la muerte y muchos de los que se gritan se aman con locura. Quizá la realidad es que no pueda existir un sentimiento sin el otro y yo no sea la única en encontrar fortaleza en sentimientos “inapropiados” al fin y al cabo. Lo que tengo claro es que la bruja nunca fue mal encaminada y que definitivamente con menos amor también se apaña uno ¿no?

7 de julio de 2010

30 de marzo de 2010

En cualquier ciudad como en Barcelona…

The mama’s lies

En los años 80 yo escuchaba a Parchís, veía pipi calzaslargas y sufría de lo lindo con Lassie y su perra vida. Más tarde, y en la era post-Naranjito, me pase a Fraggel Rock, a escuchar al gran Michael y a imitar a mi hermana mayor, sus tupes y sus hombreras.

El principio de los 90 fue el reinado de Twin Peaks, el famoso pantalón Boyfriend y el increíble atractivo que tenían, por aquel entonces, un par de gemelos cañonazos llamados Bros. Enmarcado por divertimento tengo el resto por ser una combinación casi perfecta de locuras, risas, lágrimas y agradecidas lagunas mentales.

Todas las épocas marcan un hito en nuestra vida y la gran mayoría de nosotros tenemos la suerte de poder centrar la nuestra en hechos banales que nos hacen reír o entristecernos sin mayores consecuencias. Actualmente estoy viviendo una extraña época de, llámese reflexión, llámese catatonismo cerebral, que por suerte se ve compensada por la vida de los demás. Gracias a ello y por sorpresa, he conseguido definir que es aquello que marcará esta época, el gran hito que recordaré durante mucho tiempo, y ese gran Qué no es más que la Humanización Mamaria.

Siempre había creído que el hecho de ser madre convertía a la mujer en una especie de diosa indestructible, lo que en consecuencia me convertía a mí en una arpía egoísta pro-aborto por incapacidad mental y física de dejar de quererme tanto. Su buen hacer y su entereza materna a prueba de todo me alejaba cada vez más de la divinidad presupuesta hasta que San Predictor quiso que hace 5 meses, mi mejor amiga fuera madre. Tras 9 meses de ¡Qué fuerte!, unos kilos de más y carencia absoluta de antojos (ahí el primer mito al suelo) llegó el momento del parto y con ello, el ingreso al club divino.

Pues cual fue mi sorpresa al comprobar que de divinas nada, que lo que se urde en esto de la maternidad es una ley del silencio muy mal intencionada. Una especie de conspiración genética que hace obviar la información más práctica para enaltecer típicas frases con el único objetivo de que acabemos todas cayendo en la trampa ilusoria de que esto es pan comido. Pero no lo es, porque para empezar ¿Cómo sabes que tu hijo te va a caer bien? o peor ¿y si tu le caes mal? No os conocéis de nada, pero ahí está… esperando a que tu sepas que hacer con él porque él por no saber, no sabe ni quién eres. ¿Y qué hay de la valiosa información físico/psicológica que el club de las madres mantiene bajo llave? ¡Porque esto de no avisar sobre la problemática pezonil es muy feo que lo sepáis! ¿Y esos apósitos elefantinos postparto? ¡Que vale que hay que pasar la cuarentena pero es necesario dinamitar el ego con semejante aberración, que más que una mujer te sientes como un tráiler de ausonia!¿Y no subrayar la impotencia y el sentimiento de espanto frente a un apéndice de tres kilos con nombre que no hace más que hacerte sentir un bicho raro? ¡Eso no se hace! Ah! Y pobre de ti que no te sientas como una yonki en pleno síndrome de abstinencia cuando vuelves al trabajo… porque entonces se supone que no sientes lo que hay que sentir y ¡zas! Entras en el bucle de ser o no ser… una buena madre. Eso sí, consejos a cientos. No hay nada peor que una madre primeriza frente a madres sobradas de experiencia que te invaden de posturas, acciones, medidas, cantidades y razones todas distintas pero totalmente validas a tu nuevo trabajo a perpetuidad. Además, todas confiesan en un alarde de fraternización femenina, que pasaron por lo mismo que tú [cosa que no dijeron antes no vaya a ser que…].

El caso es que para mí ha sido un alivio y una inspiración el encontrarme con una madre totalmente sincera que no sabe muy bien cómo funciona esto todavía, que no sabe si repetirá porque las ha pasado canutas y lo dice, que sigue siendo mujer e independiente por encima de todo y además, su hijo le cae genial. Y es que reza el dicho que nadie nace enseñado, ni siquiera una madre, aunque de esta, no haya más que una.

26 de octubre de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Del 1 al 21, Ingenuidad.


Dicen que 21 días es lo que necesita el cerebro para hacer de una acción concreta, un hábito. El pastor Will Bowen decidió aplicar esta teoría con sus parroquianos y propuso en sus sermones matutinos permanecer 21 días sin hablar mal de nadie, ni quejarse, ni criticar. Acabada la propuesta, envío a cada oveja a su corral y espero 21 puros y castos días para ver el resultado. Cuentan que después del celibato, los feligreses que se habían prestado al reto eran mucho más felices, más honrados y con mejor salud. Curioso.

Escéptica como soy y después de leer tan bella historia, decidí aplicarme el cuento e intentar durante 21 días gestionar, desde el punto de vista parroquial, dos de mis grandes defectos: El miedo a conducir y el pensar mal de todo el mundo. Así que aquí me tenéis, conduciendo entre temblores e intentando, y no sabéis lo que me cuesta, no fusilar mentalmente a las personas.

Debo decir que si bien el primer hándicap de mi vida evoluciona favorablemente y la decisión de no tener miedo al volante parece dar sus frutos, con la segunda parte de la terapia, la cosa no va tan bien como me esperaba. Porque me he dado cuenta de que si eliminas el mal pensar ¡te conviertes en una ingenua! ¡A mi edad! ¡Y con lo que me ha costado afinar el sentido! En fin, creo que entre el esfuerzo mental y los palos que me llevo, más que un hábito esto es una penitencia por cínica. Pero porque todo sea para ser más feliz, más honrada y con una salud de hierro, os presento un par de casos clínicos y su evolución, no vaya a ser que yo soy muy mía y además poco objetiva.

Caso 1
Localización: Tren con destino a Villa Lebou.
Sujetos: yo + parejita de enamorados (subespecie: Babosa-cariñosa).
Pensamiento Pre sermón Bowen: Si, si tú ves dándole besos a este gualtrapa que te va a salir el tiro por la culata. Si sólo hay que verle para saber que es un celoso posesivo y además gilipollas. (¡Eh! No cuenta como insulto porque es un pensamiento).
Pensamiento terapéutico: Mira como la quiere, que monos, que felices. Amor de juventud.
Realidad: El chico le decía con considerable cabreo a su “amada” que le prohibía ir al viaje de fin de curso porque seguro que allí, se liaría con cualquiera.
Resultado: 1-0 a favor de la cínica.

Caso 2
Localización: Otro tren, mismo destino.
Sujetos: yo + niña de unos 2 ó 3 años.
Pensamiento Pre sermón Bowen: Con lo cansada que estoy y encima la enana esta me va a dar el viaje.
Pensamiento terapéutico: que niña más bonita ahí sentadita con su mamá.
Realidad: 40 minutos de rabieta y gritos.
Resultado: 2-0 a favor de la cínica y unas ganas inmensas de meterle al cura yanqui el hábito por las nalgas.


Y podría seguir exponiendo casos en busca de segundas opiniones hasta cansarme porque si algo bueno te da la ingenuidad forzada, aparte de la cantidad de expresiones de sorpresa que eres capaz de combinar, es la certeza de que en mi caso, el cinismo es una cualidad mal entendida. Si es que la verdad, no sé porque me meto en experimentos clericales sin chichonera con lo fácil y predecible que es mi mundo con semejante don. Efectivo y curtidor frente a la desilusión ¿se puede pedir más?
¿Y qué hay de vosotros? ¿Os atrevéis con la teoría del 21?

P.D: Parroquia del pastor Will Bowen, algún lugar de América

Estimado señor Bowen,
Debido al trauma que sufro después de aplicar durante 15 días sus teorías, creo sinceramente que el bien pensar no está hecho para una persona de mis virtudes. Así que le mando mi renuncia a su experimento, guardándome los indecoros pensamientos que invaden mi cabeza hacia su persona para mi intimidad, que una puede ser cínica pero educada al fin y al cabo. Vaya en paz.

Atentamente
Ariel Lebou

9 de octubre de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

26 de Sepmtiembre

Soy una persona muy curiosa. Siempre he preguntado todo lo que no entendía y no entiendo, y si no me quedo satisfecha con la respuesta, vuelvo a preguntar. Evidentemente eso me trajo problemas en ciertos momentos de mi vida como en la catequesis, por ejemplo, pero también me ha dado buenos momentos y una buena capacidad de selección en cuanto a compañías se refiere. Personalmente considero que una persona ha alcanzado el nivel de amigo cuando deja de reírse de mis preguntas más sinceras.

Bien, hará unos días compartía con una amiga una interesante conversación en la que intentábamos encontrar que obras literarias definían nuestras vidas. Y si bien grandes nombres como Madame Bovary o la Casa de Bernarda Alba salieron a escena, lo cierto es que desde que ambas cruzamos la frontera de los 30, nuestras vidas han dado un giro que nos arrastra hacia otro tipo de argumentos más propios de 4 bodas y un funeral, Pequeña Miss Sunshine o los amigos de Peter, depende del día, eso sí.

Amparadas en esta nueva temática y diestras como somos en surrealismo e imaginación, no se nos abrieron los poros al recibir una “save the date” desde el otro lado del canal. Al contrario, la unión de tópicos, típicos y ladies desembocó en un ir y venir de probables historias que nos hizo reservar una buena cantidad de memoria en nuestras cámaras esperando el gran día. El gran día llegó y no decepcionó. Cierto que no vimos tantas pamelas como esperábamos, ni llegamos a presenciar los combates a silla partida que creíamos, ni tampoco disfrutamos del marinero más “picarón” de todo el ejército de la Reina Madre, pero el evento dio mucho de sí.

Después de comprobar lo divinas que estábamos y que el gusto inglés sigue siendo una asignatura pendiente, nos dimos cuenta de que una de las gracias de acudir a una boda internacional es que en algún momento te sientes como un embajador de la ONU. Entre croqueta y pincho te encuentras a España hablando animadamente con Holanda mientras Rusia y Bélgica intercambian teléfonos y tiritas, eso sin dejar de lado al país partener, que te ofrece al Gentelman y al Holligan en bandeja de plata o en gabardina, según temporada. Y si bien nunca entenderé el objetivo cultural de hacer girar una servilleta al paso de un plato, estoy segura que jamás comprenderé porque de la parte anglosajona un “viva los novios” de toda la vida sonaba continuamente como un clamor a la guerra. Supongo que ataño tal sorpresa a mi ignorancia poliglota, pero os prometo que durante todo el evento estuve esperando que alguien gritara “a la meleeeeeeeeeeeé”.

Resignada más tarde a escuchar los últimos éxitos de los playeros 80 a intervalos rumberos y comprobar que la concepción del ritmo es tan variable como los pies que lo interpretan, no pude evitar centrar mi atención en otros aspectos más subjetivos de algo tan estigmático como es una boda. Razones para casarse hay muchas, pero la tendencia actual parece centrar su significado en erradicar a los inmigrantes amorosos que invaden tan universal terreno de forma ilegal. Conseguir “los papeles” parece ser ahora la declaración amorosa más factible y si de paso hay amor, mucho mejor. Atrás han quedado los argumentos originales y padres, hipotecados y parejas de hecho se lanzan a la practicidad del matrimonio dejando a Romeo y Julieta como un par de garrulos sensibleros que además, creían en el amor eterno… pardillos. Claro que tampoco les falta razón a aquellos que consiguen los papeles post pecado concebido ya que visto lo visto, y costando lo que cuesta, son pocos los que se arriesgan a liarla en nombre de la perpetuidad.

Afortunadamente en mi ranking de bodas el amor gana 3 a 1, incluida la mía propia que fue por amor y para siempre, que queréis que os diga, aunque la pardilla se vista de seda … . Me gusta pensar que aún somos un grupo extraño que cree en el compromiso cósmico antes que en el hipotecario, que no le vemos la práctica sino la teoría a eso de colocarse el anillo, que vivimos sin pensar pero creyendo que todo esto será eterno y sólo por eso ¡que vivan los novios! Y para los del 26 de Sepmtiembre en particular ¡a la meleeeeeé!

23 de septiembre de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Réquiem por Rosie


Vivo rodeada de pre y post padres. Una cantidad ingente de amigos, familiares y conocidos están de 3,5 o 6 meses, y en casos avanzados, ya tiene al sapito/ita en casa. No es que me importe, al contrario, me autoproclamo tía honorífica de todos los recién llegados y aquellos que aún están por venir con toda la ilusión que mi escepticismo alcanza.

Inmersos en esta espiral ilusoria y bien acompañados de Martinis, humo y madrugada, una asistente social, un fotógrafo y yo discutíamos sobre la franja temporal de los 2 a los 18 desde unos críticos 30. Y ya fuera porque uno los retrata, la otra les ayuda y yo los evito, no encontramos argumentos sólidos que nos hicieran enaltecer ninguna de las “maravillosas” cualidades de aquellas que dicen compensar tanta desilusión post epidural.

La nueva era de los quinquis ha llegado y el legado de El vaquilla ahora chatea, twittea, escribe cosas como “¿KDMS N M KS?” y toma la pastilla del día después. Yo he sido adolescente y hasta pre-adolescente si me apuras, pero a los 13 años las niñas éramos niñas y los niños, el enemigo. Mis padres nunca fueron mis “colegas” y en el instituto todos sabíamos que seríamos de mayores porque el “no sé qué hacer con mi vida”, eso, llegaba a los 40. Pues ahora ya no. El mundo acnético se ha vuelto loco. Los de 12 se visten como los de 15, los de 15 actúan como los de 18 y los de 18 hablan con la dejadez de los yonquis de los 80. Movidas aparte, lo que realmente determinaba la preocupación de todo aquel ir y venir de improperios era la gran duda de saber si eran los adolescentes los que perdían su infancia o si éramos nosotros los que nos resistíamos a abandonarla. ¿Son los adolescentes actuales precoces o es la resistencia que tenemos los de los 70 a crecer? ¿Somos una generación de treinta y tantos anclados en los diez y pocos?

Sin embargo, una de las frases que más me impactaron, aquella que dejó mi femenino corazón en un puño, fue la afirmación por parte de la profesional en estos menesteres de que en esta adolescencia actual las “mujercitas” vivían subyugadas a las decisiones, deseos y pseudo amenazas de los “hombrecitos” por voluntad propia. No quiero enaltecer a las feministas y sus extrañas convicciones de que el pelo es liberación, pero a lo largo de la noche no pude dejar de preguntarme en que habíamos fallado. ¿Puede ser que el exceso de libertad merme la revolución evocándola a un retroceso generacional del que conseguimos salir no sin importantes daños colaterales? ¿Que lleva a las futuras mujeres de mi mundo a ignorar el papel que hemos tenido las demás en su historia? ¿Qué ocurrirá si los pre-hombretones se dan cuenta de tal dejadez? ¿Somos nosotras las culpables de esta sentencia por haber permitido que se saltaran la edad de la inocencia para pasar directamente al plato fuerte de la madurez prematura? Sea lo que sea, lo que tengo claro es que tenemos una generación pérdida y que las caperucitas y sus respectivos lobos han vuelto, pero esta vez con la libertad sexual por delante y sin un triste leñador a la vista.

No obstante, ante mí tengo un elenco de orondas posibilidades de subsanación XX, XY. En ellos tengo puestas mis esperanzas para que todo este bypass generacional quede resuelto pero ¿tendrán las futuras madres de este mi futuro la lección bien aprendida o estamos ante un inevitable bucle histórico donde las mujeres deberán demostrar una y otra vez lo que nunca debimos ser? ¿Somos decididamente las mujeres el chivo expiatorio de una historia hecha por y para hombres? ¿Sirvió de algo la lucha? Agárrate al pañuelo Rosie, que vienen curvas.

15 de mayo de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Fumata negra, fumata a tres

Uno de los “placeres” de viajar 40 minutos en un tren abarrotado de gente en dos franjas horarias distintas es la capacidad innata que desarrollas en la formulación de teorías sobre las personas. Sin embargo, y mira que no acostumbro a fallar, en este Lunes de esta semana mía me la “han colao”. La fórmula como cada día era bien sencilla: 8:00 a.m.+yo+3 desconocidas x la curiosidad= teoría de la personalidad en trío. Hasta aquí todo bien, ellas hablaban, yo escuchaba. Al cabo de 5 minutos ya tenía claro a qué grupo pertenecían, eran Informativas* … inocente de mi. Pues bien, de repente y sin saber muy bien como ni porque, aquellas tres dulces y ladinas Informativas se convirtieron en arpías, en mercenarias morales, en las Sweeney Todd de cercanías… ¿ cómo no me había dado cuenta? Ellas eran un paso más en la evolución de mis teorías ¡Y yo estaba sola frente a ellas! Qué momento…

Una de las cosas que quedo clara después de shock inicial, fue que para ellas no existía el “mea culpa” porque toda, todita, era de los demás. Y después de quemar, torturar y desmembrar oralmente a fumadores, gobiernos, injustos y triunfitos, la conversación fue derivando hacia el gran tema: HOMBRES. ¡Madre mía! ¡Si es que hasta juraría que les salieron colmillos de la emoción!
Yo no me veo capaz de transcribir todo lo que llegaron a decir en aquel frenesí sexista pero si había algo en lo que las 3 estaban de acuerdo, ese algo era que sus miedos, sus frustraciones, sus traumas y su soledad eran el efecto de sus relaciones con los hombres. Para las “Black Heart” toda la raza masculina era diabólica, inútil e inmadura (y quizá no de una forma tan radical, pero no será servidora quien les quite parte de razón).

Fue entonces cuando mi cara de pánico dio paso a la de alivio … y a la de lástima, porque aquellas tres criaturas eran mujeres, sólo eso, mujeres. Muchos son los testimonios de mujeres que se pierden enteras por amor pero escuchar aquel lamento escondido fue algo que me hizo pensar ¿sabían los hombres de aquellas tres mujeres realmente lo que ocurría? ¿tan prácticos nos hemos vuelto que hemos lapidado las relaciones bajo la losa “no tengo tiempo para esto”? ¿son los románticos una especie en extinción?

Quizá las princesas ya no lanzan sus trenzas para ser rescatadas y los príncipes azules han empezado a desteñir, pero prefiero consolarme pensando que algunos, aquellos locos a los que llamáis enamorados, aún seguimos siendo mínimamente felices… comiendo perdices.

*Informativas: Especímenes que viajan en grupo, sobre todo mujeres, que sentadas en manadas despotrican entre risas de todo, de todos y para todos. No hay viaje aburrido si tropiezas con ellas.