En cualquier ciudad como en Barcelona…
Fumata negra, fumata a tres
Uno de los “placeres” de viajar 40 minutos en un tren abarrotado de gente en dos franjas horarias distintas es la capacidad innata que desarrollas en la formulación de teorías sobre las personas. Sin embargo, y mira que no acostumbro a fallar, en este Lunes de esta semana mía me la “han colao”. La fórmula como cada día era bien sencilla: 8:00 a.m.+yo+3 desconocidas x la curiosidad= teoría de la personalidad en trío. Hasta aquí todo bien, ellas hablaban, yo escuchaba. Al cabo de 5 minutos ya tenía claro a qué grupo pertenecían, eran Informativas* … inocente de mi. Pues bien, de repente y sin saber muy bien como ni porque, aquellas tres dulces y ladinas Informativas se convirtieron en arpías, en mercenarias morales, en las Sweeney Todd de cercanías… ¿ cómo no me había dado cuenta? Ellas eran un paso más en la evolución de mis teorías ¡Y yo estaba sola frente a ellas! Qué momento…
Una de las cosas que quedo clara después de shock inicial, fue que para ellas no existía el “mea culpa” porque toda, todita, era de los demás. Y después de quemar, torturar y desmembrar oralmente a fumadores, gobiernos, injustos y triunfitos, la conversación fue derivando hacia el gran tema: HOMBRES. ¡Madre mía! ¡Si es que hasta juraría que les salieron colmillos de la emoción!
Yo no me veo capaz de transcribir todo lo que llegaron a decir en aquel frenesí sexista pero si había algo en lo que las 3 estaban de acuerdo, ese algo era que sus miedos, sus frustraciones, sus traumas y su soledad eran el efecto de sus relaciones con los hombres. Para las “Black Heart” toda la raza masculina era diabólica, inútil e inmadura (y quizá no de una forma tan radical, pero no será servidora quien les quite parte de razón).
Fue entonces cuando mi cara de pánico dio paso a la de alivio … y a la de lástima, porque aquellas tres criaturas eran mujeres, sólo eso, mujeres. Muchos son los testimonios de mujeres que se pierden enteras por amor pero escuchar aquel lamento escondido fue algo que me hizo pensar ¿sabían los hombres de aquellas tres mujeres realmente lo que ocurría? ¿tan prácticos nos hemos vuelto que hemos lapidado las relaciones bajo la losa “no tengo tiempo para esto”? ¿son los románticos una especie en extinción?
Quizá las princesas ya no lanzan sus trenzas para ser rescatadas y los príncipes azules han empezado a desteñir, pero prefiero consolarme pensando que algunos, aquellos locos a los que llamáis enamorados, aún seguimos siendo mínimamente felices… comiendo perdices.
*Informativas: Especímenes que viajan en grupo, sobre todo mujeres, que sentadas en manadas despotrican entre risas de todo, de todos y para todos. No hay viaje aburrido si tropiezas con ellas.
15 de mayo de 2009
28 de abril de 2009
En cualquier ciudad como en Barcelona…
Los Pongo
Dicen que la inspiración viene de mano de las Musas. Etéreas mujeres que con su gracia otorgan al artista la puerta a la genialidad. Para Toulouse Lautrec eran las "coristas" del Moulin Rouge, para Renoir, las bailarinas clásicas y las mujeres en posiciones que por aquellos tiempos se consideraban “indecentes”, para Dalí, Gala y para mí… Susan Boyle.
La señorita Boyle, que a las Musas hay que tenerles un respeto, es inspiradora. Poco tiene de etérea es cierto, más terrenal no se puede ser, pero la adoro desde el primer momento en que la vi. Esos andares elefantinos, ese glamour distraído, ese cuerpo coetáneo a Las Tres Gracias, esa capacidad espartana y firmemente escocesa de soportar las humillaciones snobistas de los británicos y esa voz ¡Qué voz!. Les pasó la mano por la cara a aquellos que instantes antes se habían reído de ella, y no contenta con eso, creó un efecto mariposa que ha ido repartiendo bofetones a lo largo del mundo hasta convertirla en una diva, y a día de hoy, mi musa.
Tengo que reconocer que no soy una persona demasiado fiel en cuanto a compromisos inspiradores, y que a lo largo de mi vida, mis musos y musas han ido y venido sin previo aviso. Supongo que se debe a su deje terrenal y a que todo lo humano, al final, cansa. Lo mismo ocurre con los amigos.
¿Quién puede afirmar que aún conserva a su mejor amigo del colegio? ¿Somos capaces de sentir con la misma intensidad años y años de amistad? Aquellos amigos eternos, aquellos hermanos del alma dejaron de serlo ¿Por qué? ¿Qué lleva al ser humano al despegue? ¿Al “ya nos llamaremos”?. Gracias al Facebook (sí, yo también he puesto un Facebook en mi vida) me he retrobado con amigos del pasado. Increíbles personas que en un momento dado significaron mucho para mí. Con algunas estreche lazos firmes y eternos en aquellos tiempos, con otras, era capaz de pasarme noches enteras riéndome a carcajadas. En mis 50 escasos amigos, se reúne gente de mi pasado y mi presente, gente a la que quiero y gente a la que quise. Pero ¿Qué lugar deben reocupar los amigos retrobados? ¿Es la importancia de un pasado común lo suficientemente poderosa como para devolverles el sitio que perdieron en tu escala sentimental? ¿En qué momento una persona se convierte en un Pongo? Y mis amigos presentes ¿Están condenados a ser los nuevos Pongos del futuro? y yo misma ¿de quien seré Pongo?
Quizá las personas no seamos tan distintas de los objetos al fin y al cabo y los Pongo sean la evolución lógica de la amistad. Una especie de enamoramiento y desengaño constante que nos convierte en víctimas de una inseguridad continúa a la que por necesidad o miedo acabamos llamando vida. Si es así, ¿Somos lo que somos gracias a la combinación de Pongos que hemos ido encontrando por el camino? ¿Aquellos que a lo largo de nuestra existencia nos han ayudado, o en su defecto, nos han enseñado a vivir? ¿Es la vida una sucesión de ferias de Pongos donde nos cogemos y nos soltamos atendidos a la necesidad del momento? ¿Pongo, luego existo?...
Sea como sea, sé a ciencia cierta que mi amor por Susan pronto terminará y que otra musa ocupará su lugar, así es la vida dirán algunos, pero llegado el momento, llegado el desengaño al que todos estamos evocados, decidme ¿Dónde la pongo?
Los Pongo
Dicen que la inspiración viene de mano de las Musas. Etéreas mujeres que con su gracia otorgan al artista la puerta a la genialidad. Para Toulouse Lautrec eran las "coristas" del Moulin Rouge, para Renoir, las bailarinas clásicas y las mujeres en posiciones que por aquellos tiempos se consideraban “indecentes”, para Dalí, Gala y para mí… Susan Boyle.
La señorita Boyle, que a las Musas hay que tenerles un respeto, es inspiradora. Poco tiene de etérea es cierto, más terrenal no se puede ser, pero la adoro desde el primer momento en que la vi. Esos andares elefantinos, ese glamour distraído, ese cuerpo coetáneo a Las Tres Gracias, esa capacidad espartana y firmemente escocesa de soportar las humillaciones snobistas de los británicos y esa voz ¡Qué voz!. Les pasó la mano por la cara a aquellos que instantes antes se habían reído de ella, y no contenta con eso, creó un efecto mariposa que ha ido repartiendo bofetones a lo largo del mundo hasta convertirla en una diva, y a día de hoy, mi musa.
Tengo que reconocer que no soy una persona demasiado fiel en cuanto a compromisos inspiradores, y que a lo largo de mi vida, mis musos y musas han ido y venido sin previo aviso. Supongo que se debe a su deje terrenal y a que todo lo humano, al final, cansa. Lo mismo ocurre con los amigos.
¿Quién puede afirmar que aún conserva a su mejor amigo del colegio? ¿Somos capaces de sentir con la misma intensidad años y años de amistad? Aquellos amigos eternos, aquellos hermanos del alma dejaron de serlo ¿Por qué? ¿Qué lleva al ser humano al despegue? ¿Al “ya nos llamaremos”?. Gracias al Facebook (sí, yo también he puesto un Facebook en mi vida) me he retrobado con amigos del pasado. Increíbles personas que en un momento dado significaron mucho para mí. Con algunas estreche lazos firmes y eternos en aquellos tiempos, con otras, era capaz de pasarme noches enteras riéndome a carcajadas. En mis 50 escasos amigos, se reúne gente de mi pasado y mi presente, gente a la que quiero y gente a la que quise. Pero ¿Qué lugar deben reocupar los amigos retrobados? ¿Es la importancia de un pasado común lo suficientemente poderosa como para devolverles el sitio que perdieron en tu escala sentimental? ¿En qué momento una persona se convierte en un Pongo? Y mis amigos presentes ¿Están condenados a ser los nuevos Pongos del futuro? y yo misma ¿de quien seré Pongo?
Quizá las personas no seamos tan distintas de los objetos al fin y al cabo y los Pongo sean la evolución lógica de la amistad. Una especie de enamoramiento y desengaño constante que nos convierte en víctimas de una inseguridad continúa a la que por necesidad o miedo acabamos llamando vida. Si es así, ¿Somos lo que somos gracias a la combinación de Pongos que hemos ido encontrando por el camino? ¿Aquellos que a lo largo de nuestra existencia nos han ayudado, o en su defecto, nos han enseñado a vivir? ¿Es la vida una sucesión de ferias de Pongos donde nos cogemos y nos soltamos atendidos a la necesidad del momento? ¿Pongo, luego existo?...
Sea como sea, sé a ciencia cierta que mi amor por Susan pronto terminará y que otra musa ocupará su lugar, así es la vida dirán algunos, pero llegado el momento, llegado el desengaño al que todos estamos evocados, decidme ¿Dónde la pongo?
1 de abril de 2009
En cualquier ciudad como en Barcelona…
La P… de peluquín (2ª parte)
Hará unos meses, quizá más de seis, escribí en este blog un artículo sobre que letra era la idónea para definir al amor. Deambulando por el alfabeto no halle ninguna más concreta que la P… de peluquín y así es como titule el post. Sin embargo, aquella reflexión no terminaba en una sentencia y abría las puertas al hallazgo de un amor que se pudiera capitalizar con una C… de Calvo.
Llevo tiempo observando y analizando al amor, incluido el mío, pero no encontré resultados que me condicionaran a pensar que el sentimiento pudiera liberarse de tan antiestética letra con la que yo misma le había bautizado. Muchas letras, muchos amores – pensaba- pero ninguno que me demostrará la fuerza de una C. Supongo que centralice en demasía el sustantivo universal y me olvide de otros amores, pero soy humana, y como todo hijo de vecino, yo también le pido imposibles al amor.
Sin embargo, decidí dirigir mis observaciones a otros amores más sectoriales y sin lugar a dudas, fue allí donde encontré lo que tanto tiempo estuve buscando. Lejos de la necesidad egoísta del amor hallé a mi amado calvo, en el mismo sentimiento, que llevado a los niveles más básicos de su significado, por no pedir, no pedía ni respuestas. Acostumbrados a la demanda, no nos planteamos la existencia de amores por llamarlos de alguna manera “naturales” que aunque carentes de exigencias no los son de reciprocidad. A lo largo de nuestra vida los títulos que vamos cosechando van aumentando, y lo que en su día sólo fue tu nombre, ahora comparte protagonismo con rangos evolutivos que te convierten en madre, tía, abuela o hermana de alguien. Esta línea de nombramientos es exponencial al tiempo y llenan tu corazón de este amor “natural” que acostumbramos a sentir por aquellos con los que compartimos sangre, cuna o destino. Pero, ¿Qué ocurre cuando aquel al que amas ya no puede darte nada?¿cuando no recibes nada por tu amor?¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando una hija se convierte en madre, de su madre?.
Yo lo sé, lo siento y me emociona porque allí es donde está el Calvo Amor. El olvido impuesto sacude la línea de rango y pone del revés condiciones que nadie sospecho jamás que pudieran ser cambiadas. Y ahí está él, el AMOR, el auténtico. Muchos dicen que esta enfermedad es como nacer pero al revés, pero no es verdad. Aquel que durante tanto tiempo hizo alarde de su natural amor ahora te mira y no te recuerda, dejando a los que fueron destinatarios de su sentimiento agarrados al fino hilo de los recuerdos. Lo reconozco, tenía tan cerca de mí al amor ansiado que no le vi, supongo que porque nunca me había parado a observar las miradas, las palabras, la ternura, acogiéndome a la insulsa normalidad de la rutina. Pero ahora ya lo tengo. Una mujer me lo dio. Una que ama sin pedir respuestas, ni exigencias, ni compromisos porque la enfermedad del olvido le robó el amor de madre. Quizá dentro de cada uno este escondida esta capacidad para enaltecer el amor verdadero pero ella es hoy mi ejemplo, y tan sólo por eso, merece mi amor que se escribe, en estos momentos, con R … de respeto.
La P… de peluquín (2ª parte)
Hará unos meses, quizá más de seis, escribí en este blog un artículo sobre que letra era la idónea para definir al amor. Deambulando por el alfabeto no halle ninguna más concreta que la P… de peluquín y así es como titule el post. Sin embargo, aquella reflexión no terminaba en una sentencia y abría las puertas al hallazgo de un amor que se pudiera capitalizar con una C… de Calvo.
Llevo tiempo observando y analizando al amor, incluido el mío, pero no encontré resultados que me condicionaran a pensar que el sentimiento pudiera liberarse de tan antiestética letra con la que yo misma le había bautizado. Muchas letras, muchos amores – pensaba- pero ninguno que me demostrará la fuerza de una C. Supongo que centralice en demasía el sustantivo universal y me olvide de otros amores, pero soy humana, y como todo hijo de vecino, yo también le pido imposibles al amor.
Sin embargo, decidí dirigir mis observaciones a otros amores más sectoriales y sin lugar a dudas, fue allí donde encontré lo que tanto tiempo estuve buscando. Lejos de la necesidad egoísta del amor hallé a mi amado calvo, en el mismo sentimiento, que llevado a los niveles más básicos de su significado, por no pedir, no pedía ni respuestas. Acostumbrados a la demanda, no nos planteamos la existencia de amores por llamarlos de alguna manera “naturales” que aunque carentes de exigencias no los son de reciprocidad. A lo largo de nuestra vida los títulos que vamos cosechando van aumentando, y lo que en su día sólo fue tu nombre, ahora comparte protagonismo con rangos evolutivos que te convierten en madre, tía, abuela o hermana de alguien. Esta línea de nombramientos es exponencial al tiempo y llenan tu corazón de este amor “natural” que acostumbramos a sentir por aquellos con los que compartimos sangre, cuna o destino. Pero, ¿Qué ocurre cuando aquel al que amas ya no puede darte nada?¿cuando no recibes nada por tu amor?¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando una hija se convierte en madre, de su madre?.
Yo lo sé, lo siento y me emociona porque allí es donde está el Calvo Amor. El olvido impuesto sacude la línea de rango y pone del revés condiciones que nadie sospecho jamás que pudieran ser cambiadas. Y ahí está él, el AMOR, el auténtico. Muchos dicen que esta enfermedad es como nacer pero al revés, pero no es verdad. Aquel que durante tanto tiempo hizo alarde de su natural amor ahora te mira y no te recuerda, dejando a los que fueron destinatarios de su sentimiento agarrados al fino hilo de los recuerdos. Lo reconozco, tenía tan cerca de mí al amor ansiado que no le vi, supongo que porque nunca me había parado a observar las miradas, las palabras, la ternura, acogiéndome a la insulsa normalidad de la rutina. Pero ahora ya lo tengo. Una mujer me lo dio. Una que ama sin pedir respuestas, ni exigencias, ni compromisos porque la enfermedad del olvido le robó el amor de madre. Quizá dentro de cada uno este escondida esta capacidad para enaltecer el amor verdadero pero ella es hoy mi ejemplo, y tan sólo por eso, merece mi amor que se escribe, en estos momentos, con R … de respeto.
6 de marzo de 2009
En cualquier ciudad como en Barcelona…
Las injusticias de Eva
Pongámonos en el supuesto que todas las historias de la Biblia son verdad. Digamos que nos creemos irracionalmente desde la creación hasta el martirio, de la separación de aguas hasta la ruta “arrástreme usted esa cruz”, del infanticidio hasta la famosa lavada de manos de Pilatos. Ignoremos por un momento el poder de la iglesia, las mafias papales, las riquezas, los vicios y las apetencias no carnales, válgame dios, de ciertos hombres de fe. Haced conmigo este esfuerzo porque en este gran supuesto nos toca poner la otra mejilla y la verdad, preferiría compartir el bofetón, que así duele menos.
Una de las cosas que tengo más claras en toda esta “cristiandad” es que aquellos que escribieron la Biblia iban a por nosotras. Tildadas de brujas, corruptas, manipuladoras, locas y un sin fin de adjetivos a cual más satánico, queda en evidencia que ser mujer nunca ha sido fácil, empezando por Eva… que injusto papel le dio la historia. Todo empieza en el paraíso, bien, no está mal. Arbolito por aquí, riachuelo por allá, animalitos, buen clima … bien, muy Disney todo … correcto.
¡Y aquí llega la primera injusticia! ¿Qué le dieron a Eva para vestirse? ¡Una hoja de parra! ¿me dicen a mí que ese santo varón construyo el mundo, los planetas, la luz, los animales, las plantas, y no se le ocurre nada más que darle a una mujer para cubrirse que una paupérrima y vulgar hoja de parra? ¿Os imagináis la cara de la pobre chica ante ese alarde de bondad divina?, en fin …
Segunda injusticia en mi modesta opinión, la compañía. La pobre Eva y su hoja de parra frente a un tío imberbe y sin ombligo, que aparte de tener poca conversación su único objetivo es convertirla en una especie de coneja dispensadora de humanidades por la gracia de dios... que desfachatez. Ante tal situación, y Eva que supongo yo que sería muy suya, hizo aquello que toda mujer haría:Salir por patas. Porque esto de ser la elegida está muy bien, que te quieran hacer la madre de la humanidad pues es de agradecer, pero que queréis que os diga, mucho jardín y mucho Edén pero eso de la hoja de parra…. La cosa ya no pintaba bien, los detalles, las mujeres nos fijamos en los detalles.
Y aquí llega la tercera y mayor injusticia de la historia divina. La expulsión del Edén. Dudo yo bastante que fuera Eva la que cayó en la tentación y provocara que ahora vivamos todos en este valle de lágrimas. Porque a esas debilidades, se rinden los hombres. Aunque también cabe la posibilidad, que visto lo visto, Eva pensara que de perdidos al río y ala! A pecar!.
Fuera como fuere, sea verdad o no, lo que sí es cierto es que desde entonces las mujeres vivimos a la sombra de Eva, pero ¿vivimos también bajo el yugo de sus injusticias? ¿es por tal legado que la mayoría de nosotras compartimos rasgos tan característicos como el sacrificio, la tolerancia al dolor y el más estúpido sentimiento de culpa por todo y por todos? ¿es acaso la injusticia el mayor exponente de la feminidad?
La complejidad de las mujeres, que tanto parece atemorizar a algunos hombres, es nuestro mayor tesoro. Somos lobas, madres, tercas, sensibles, observadoras, organizadoras, pacientes e impacientes y hasta puñeteras si cabe serlo, pero también somos poderosas. Las mujeres somos criaturas especiales aunque los hombres lleven criticándonos desde el año 2. Porque somos plenas por ser lo que somos.
Muchas mujeres de este mundo siguen pagando a modo de compensación la culpabilidad del gran pecado dejando que la historia, las leyes, las tradiciones y los hombres las conviertan en menos que ganado, en moneda de cambio o simplemente en sombras tras una tela. Sin embargo, como mujer que soy, mantengo la esperanza de que un día consigamos acabar con esta cansina injusticia, además, creo sin dudarlo, que fue Adán el responsable de nuestras miserias porque si hubiera sido Eva … ¡no se hubiera enterado ni Dios!
Las injusticias de Eva
Pongámonos en el supuesto que todas las historias de la Biblia son verdad. Digamos que nos creemos irracionalmente desde la creación hasta el martirio, de la separación de aguas hasta la ruta “arrástreme usted esa cruz”, del infanticidio hasta la famosa lavada de manos de Pilatos. Ignoremos por un momento el poder de la iglesia, las mafias papales, las riquezas, los vicios y las apetencias no carnales, válgame dios, de ciertos hombres de fe. Haced conmigo este esfuerzo porque en este gran supuesto nos toca poner la otra mejilla y la verdad, preferiría compartir el bofetón, que así duele menos.
Una de las cosas que tengo más claras en toda esta “cristiandad” es que aquellos que escribieron la Biblia iban a por nosotras. Tildadas de brujas, corruptas, manipuladoras, locas y un sin fin de adjetivos a cual más satánico, queda en evidencia que ser mujer nunca ha sido fácil, empezando por Eva… que injusto papel le dio la historia. Todo empieza en el paraíso, bien, no está mal. Arbolito por aquí, riachuelo por allá, animalitos, buen clima … bien, muy Disney todo … correcto.
¡Y aquí llega la primera injusticia! ¿Qué le dieron a Eva para vestirse? ¡Una hoja de parra! ¿me dicen a mí que ese santo varón construyo el mundo, los planetas, la luz, los animales, las plantas, y no se le ocurre nada más que darle a una mujer para cubrirse que una paupérrima y vulgar hoja de parra? ¿Os imagináis la cara de la pobre chica ante ese alarde de bondad divina?, en fin …
Segunda injusticia en mi modesta opinión, la compañía. La pobre Eva y su hoja de parra frente a un tío imberbe y sin ombligo, que aparte de tener poca conversación su único objetivo es convertirla en una especie de coneja dispensadora de humanidades por la gracia de dios... que desfachatez. Ante tal situación, y Eva que supongo yo que sería muy suya, hizo aquello que toda mujer haría:Salir por patas. Porque esto de ser la elegida está muy bien, que te quieran hacer la madre de la humanidad pues es de agradecer, pero que queréis que os diga, mucho jardín y mucho Edén pero eso de la hoja de parra…. La cosa ya no pintaba bien, los detalles, las mujeres nos fijamos en los detalles.
Y aquí llega la tercera y mayor injusticia de la historia divina. La expulsión del Edén. Dudo yo bastante que fuera Eva la que cayó en la tentación y provocara que ahora vivamos todos en este valle de lágrimas. Porque a esas debilidades, se rinden los hombres. Aunque también cabe la posibilidad, que visto lo visto, Eva pensara que de perdidos al río y ala! A pecar!.
Fuera como fuere, sea verdad o no, lo que sí es cierto es que desde entonces las mujeres vivimos a la sombra de Eva, pero ¿vivimos también bajo el yugo de sus injusticias? ¿es por tal legado que la mayoría de nosotras compartimos rasgos tan característicos como el sacrificio, la tolerancia al dolor y el más estúpido sentimiento de culpa por todo y por todos? ¿es acaso la injusticia el mayor exponente de la feminidad?
La complejidad de las mujeres, que tanto parece atemorizar a algunos hombres, es nuestro mayor tesoro. Somos lobas, madres, tercas, sensibles, observadoras, organizadoras, pacientes e impacientes y hasta puñeteras si cabe serlo, pero también somos poderosas. Las mujeres somos criaturas especiales aunque los hombres lleven criticándonos desde el año 2. Porque somos plenas por ser lo que somos.
Muchas mujeres de este mundo siguen pagando a modo de compensación la culpabilidad del gran pecado dejando que la historia, las leyes, las tradiciones y los hombres las conviertan en menos que ganado, en moneda de cambio o simplemente en sombras tras una tela. Sin embargo, como mujer que soy, mantengo la esperanza de que un día consigamos acabar con esta cansina injusticia, además, creo sin dudarlo, que fue Adán el responsable de nuestras miserias porque si hubiera sido Eva … ¡no se hubiera enterado ni Dios!
16 de febrero de 2009
En cualquier ciudad como en Barcelona…
La Palabra Gominola no aparece en el diccionario… pero no importa.
Claudia

Como decía Neruda, puedo escribir los versos más tristes esta noche, porque ha muerto alguien a quien nunca conocí.
No hablé con ella, ni la vi y sólo cuando ha dicho fin supe su nombre, pero visitaba a menudo su mundo con la exigencia y la curiosidad de quien lo cree eterno. Y nunca me decepcionó. Me gustan sus Alicias, sus sirenas, sus amantes, sus geishas y sus colores que ahora la perduran por ser huérfanos, por ser ella.
Le robo una imagen para el recuerdo y a cambio, le doy una palabra, pequeña, pero sincera… Gracias.
http://mundogominola.blogspot.com/
Le robo una imagen para el recuerdo y a cambio, le doy una palabra, pequeña, pero sincera… Gracias.
http://mundogominola.blogspot.com/
5 de febrero de 2009
En cualquier ciudad como en Barcelona…
Cercanías Downtown
A día de hoy debe hacer unos 18 años que viajo en transporte público. Se dice pronto pero es casi media vida. Y que queréis que os diga, moverse bajo calle nunca es lo que parece.
Más que un simple transporte público, los pasillos y estaciones del submundo crean una ciudad paralela, una auténtica alegoría de estar por casa al más puro estilo Far West. Mi territorio sin ley se centra básicamente en la estación de plaza Cataluña que sería algo así como el Jackson Ville de cercanías. No es una gran ciudad como Sants City pero tampoco un pueblucho desértico como, por ejemplo, El Papiol Valley.
En esta gran llanura llena de diligencias, pasajeros y protagonistas anónimos, las prisas y la rutina se mezclan a diario hasta el punto de anular el sentido innato del espanto... que no del misterio. ¿Qué lleva al fosforito a convertirse en tan poderoso color? ¿que encierran las puertas de esos baños que disparan mi imaginación y convierte a tal cubículo en un nido de historias sórdidas llenas de tejemanejes subterráneos? ¿Porque hay una tienda de lencería “fina” al lado de una de chuches?¿Acaso es una rueda socio-comercial de dulzor, picardía y lascivia subgeneris que no alcanzo a percibir?
Otro de los grandes alicientes del submundo son sus habitantes. No los que como yo, pasamos absortos en nuestros propios pensamientos al ritmo del tic-tac. Me refiero a los locales, a los nativos, a los de toda la vida vamos. Ellos son especiales, irremplazables, porque sin ellos, Jackson ville nunca sería el mismo. Sus chalecos fosforitos, sus camisitas azules, sus pantalones suicidas, sus botas casi militares, esas barrigas llenas de poder y buena vida, esa pose pulgar vs pulgar atenazando fuertemente el cinturón… Los vigilante de seguridad son sin duda alguna los sheriff del submundo.
Con la ley y el orden en su mano escudriñan a los que osan transitar por su territorio intentando una vez tras otra reafirmar la dureza de su cargo y la carga de su condición.
Por suerte, donde hay sheriff hay villanos… como adoro a mis villanos de Jackson Ville. Para empezar todos les conocemos, todos menos los sheriff. Para ellos las mismas 5 mujeres embarazadas durante más de dos años debe representar el flujo normal de la reproducción subterránea, porque si no, no lo entiendo. Mis villanas siempre usan el mismo modos operandi y en consecuencia el resto de nosotros, también. Ellas despistan, nosotros nos agarramos el bolso, ellas empujan, nosotros las miramos con cara iracunda, ellas suben al tren, nosotros comprobamos que seguimos teniendo todo lo que nos trajimos de casa, lo que yo decía, rutina.
Otro gran habitante de este territorio es la barrendera cabreada. Por donde ella pasa nunca más vuelve a crecer la hierba. Escoba en mano y fosforito por chaleco sabe bien cuál es su función en este mundo y nada ni nadie la apartan de su misión. La gran dama de la limpieza es capaz de que 10 desconocidos levante sus pies a la par con una simple mirada, dejándoles desangelados y con el último resquicio de espanto que les quedaba, una vez pasada su escoba. Ella es de aquellas criaturas a las que jamás les llamarías de tú porque al verla las dos únicas palabras que consigues pronunciar son “si señora, si señora”.
El resto de habitantes pasan de lo mediocre a lo curioso sin poder por el momento bautizar a ningún Billy el niño, Calamity james o Toro sentado. Así que yo por el momento, seguiré en tal ociosa espera a que las diligencias lleguen a tiempo, a que el trozo de cartón deje de subir y a que los pregoneros dejen de ponernos a prueba con sus “disculpen las molestias”, pero supongo que tampoco se le puede pedir el paraíso al piso intermedio entre este y el infierno ¿verdad?
Cercanías Downtown
A día de hoy debe hacer unos 18 años que viajo en transporte público. Se dice pronto pero es casi media vida. Y que queréis que os diga, moverse bajo calle nunca es lo que parece.
Más que un simple transporte público, los pasillos y estaciones del submundo crean una ciudad paralela, una auténtica alegoría de estar por casa al más puro estilo Far West. Mi territorio sin ley se centra básicamente en la estación de plaza Cataluña que sería algo así como el Jackson Ville de cercanías. No es una gran ciudad como Sants City pero tampoco un pueblucho desértico como, por ejemplo, El Papiol Valley.
En esta gran llanura llena de diligencias, pasajeros y protagonistas anónimos, las prisas y la rutina se mezclan a diario hasta el punto de anular el sentido innato del espanto... que no del misterio. ¿Qué lleva al fosforito a convertirse en tan poderoso color? ¿que encierran las puertas de esos baños que disparan mi imaginación y convierte a tal cubículo en un nido de historias sórdidas llenas de tejemanejes subterráneos? ¿Porque hay una tienda de lencería “fina” al lado de una de chuches?¿Acaso es una rueda socio-comercial de dulzor, picardía y lascivia subgeneris que no alcanzo a percibir?
Otro de los grandes alicientes del submundo son sus habitantes. No los que como yo, pasamos absortos en nuestros propios pensamientos al ritmo del tic-tac. Me refiero a los locales, a los nativos, a los de toda la vida vamos. Ellos son especiales, irremplazables, porque sin ellos, Jackson ville nunca sería el mismo. Sus chalecos fosforitos, sus camisitas azules, sus pantalones suicidas, sus botas casi militares, esas barrigas llenas de poder y buena vida, esa pose pulgar vs pulgar atenazando fuertemente el cinturón… Los vigilante de seguridad son sin duda alguna los sheriff del submundo.
Con la ley y el orden en su mano escudriñan a los que osan transitar por su territorio intentando una vez tras otra reafirmar la dureza de su cargo y la carga de su condición.
Por suerte, donde hay sheriff hay villanos… como adoro a mis villanos de Jackson Ville. Para empezar todos les conocemos, todos menos los sheriff. Para ellos las mismas 5 mujeres embarazadas durante más de dos años debe representar el flujo normal de la reproducción subterránea, porque si no, no lo entiendo. Mis villanas siempre usan el mismo modos operandi y en consecuencia el resto de nosotros, también. Ellas despistan, nosotros nos agarramos el bolso, ellas empujan, nosotros las miramos con cara iracunda, ellas suben al tren, nosotros comprobamos que seguimos teniendo todo lo que nos trajimos de casa, lo que yo decía, rutina.
Otro gran habitante de este territorio es la barrendera cabreada. Por donde ella pasa nunca más vuelve a crecer la hierba. Escoba en mano y fosforito por chaleco sabe bien cuál es su función en este mundo y nada ni nadie la apartan de su misión. La gran dama de la limpieza es capaz de que 10 desconocidos levante sus pies a la par con una simple mirada, dejándoles desangelados y con el último resquicio de espanto que les quedaba, una vez pasada su escoba. Ella es de aquellas criaturas a las que jamás les llamarías de tú porque al verla las dos únicas palabras que consigues pronunciar son “si señora, si señora”.
El resto de habitantes pasan de lo mediocre a lo curioso sin poder por el momento bautizar a ningún Billy el niño, Calamity james o Toro sentado. Así que yo por el momento, seguiré en tal ociosa espera a que las diligencias lleguen a tiempo, a que el trozo de cartón deje de subir y a que los pregoneros dejen de ponernos a prueba con sus “disculpen las molestias”, pero supongo que tampoco se le puede pedir el paraíso al piso intermedio entre este y el infierno ¿verdad?
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