16 de diciembre de 2010

9 de diciembre de 2010

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Sumun Odium

Un día una bruja me dijo que yo era una criatura muy antigua, así, tal cual. No había acudido a una cita esotérica pre pagada con mi voluntad, ni yo sabía que ella era dama de magia e intuición superlativa pero me dejo a mí y a mi antigüedad presas del escepticismo más descarado que jamás haya sido capaz de demostrar. Al preguntar él porque, me dijo que mis sentimientos era demasiado profundos y que la rabia, la fuerza y el odio me mantenían protegida, pero que aquello, era bueno para mí. Evidentemente no le hice más preguntas ni ella más revelaciones, yo por miedo, y ella por respeto supongo.

De camino a casa, aparte de confirmar y reafirmar mi capacidad para meterme en situaciones surrealistas, no podía parar de darle vueltas a las palabras de aquella “bruja”. ¿Se puede ser persona de odio fácil? ¿Es el odio de verdad una protección y por tanto un buen sentimiento? Y de ser así ¿Quién es el encargado de decidir la inocuidad de lo que sentimos?

Hay personas que son de lágrima fácil, de risa fácil e incluso aquellos que se enamoran fácilmente, y si bien a tales virtudes nadie las malifica, creo injusto que al odio se le mire de reojo. Romeo decía que mucho se puede hacer con el odio, pero mucho más con el amor. Cuánta razón tenía el enamorado universal al citar en la misma frase a sendos sentimientos que comparten, a mi entender, tan fina frontera. Tampoco creo que todos los sentimientos sean buenos y entiendo que el odio no entre en el grupo de los benditos, pero me parecen más exultatemente inapropiados los celos, por ejemplo, o la mala educación.

Si del amor al odio va un paso, a la codicia se la tilda de ambición y a la envidia de admiración ¿somos lo que somos por lo que sentimos o adaptamos su nombre a quien lo siente? ¿Soy una mala persona por odiar sin actuar o puedo tildar a mi odio como una virtud a medio interpretar? ¿y el amor? ¿Es siempre un buen sentimiento o llegamos a odiar lo que amamos como evolución inequívoca del amor?

Dicen que el roce hace el cariño pero me asusta pensar que el cariño hace el odio. Muchas de las amadas fueron odiadas hasta la muerte y muchos de los que se gritan se aman con locura. Quizá la realidad es que no pueda existir un sentimiento sin el otro y yo no sea la única en encontrar fortaleza en sentimientos “inapropiados” al fin y al cabo. Lo que tengo claro es que la bruja nunca fue mal encaminada y que definitivamente con menos amor también se apaña uno ¿no?

7 de julio de 2010

30 de marzo de 2010

En cualquier ciudad como en Barcelona…

The mama’s lies

En los años 80 yo escuchaba a Parchís, veía pipi calzaslargas y sufría de lo lindo con Lassie y su perra vida. Más tarde, y en la era post-Naranjito, me pase a Fraggel Rock, a escuchar al gran Michael y a imitar a mi hermana mayor, sus tupes y sus hombreras.

El principio de los 90 fue el reinado de Twin Peaks, el famoso pantalón Boyfriend y el increíble atractivo que tenían, por aquel entonces, un par de gemelos cañonazos llamados Bros. Enmarcado por divertimento tengo el resto por ser una combinación casi perfecta de locuras, risas, lágrimas y agradecidas lagunas mentales.

Todas las épocas marcan un hito en nuestra vida y la gran mayoría de nosotros tenemos la suerte de poder centrar la nuestra en hechos banales que nos hacen reír o entristecernos sin mayores consecuencias. Actualmente estoy viviendo una extraña época de, llámese reflexión, llámese catatonismo cerebral, que por suerte se ve compensada por la vida de los demás. Gracias a ello y por sorpresa, he conseguido definir que es aquello que marcará esta época, el gran hito que recordaré durante mucho tiempo, y ese gran Qué no es más que la Humanización Mamaria.

Siempre había creído que el hecho de ser madre convertía a la mujer en una especie de diosa indestructible, lo que en consecuencia me convertía a mí en una arpía egoísta pro-aborto por incapacidad mental y física de dejar de quererme tanto. Su buen hacer y su entereza materna a prueba de todo me alejaba cada vez más de la divinidad presupuesta hasta que San Predictor quiso que hace 5 meses, mi mejor amiga fuera madre. Tras 9 meses de ¡Qué fuerte!, unos kilos de más y carencia absoluta de antojos (ahí el primer mito al suelo) llegó el momento del parto y con ello, el ingreso al club divino.

Pues cual fue mi sorpresa al comprobar que de divinas nada, que lo que se urde en esto de la maternidad es una ley del silencio muy mal intencionada. Una especie de conspiración genética que hace obviar la información más práctica para enaltecer típicas frases con el único objetivo de que acabemos todas cayendo en la trampa ilusoria de que esto es pan comido. Pero no lo es, porque para empezar ¿Cómo sabes que tu hijo te va a caer bien? o peor ¿y si tu le caes mal? No os conocéis de nada, pero ahí está… esperando a que tu sepas que hacer con él porque él por no saber, no sabe ni quién eres. ¿Y qué hay de la valiosa información físico/psicológica que el club de las madres mantiene bajo llave? ¡Porque esto de no avisar sobre la problemática pezonil es muy feo que lo sepáis! ¿Y esos apósitos elefantinos postparto? ¡Que vale que hay que pasar la cuarentena pero es necesario dinamitar el ego con semejante aberración, que más que una mujer te sientes como un tráiler de ausonia!¿Y no subrayar la impotencia y el sentimiento de espanto frente a un apéndice de tres kilos con nombre que no hace más que hacerte sentir un bicho raro? ¡Eso no se hace! Ah! Y pobre de ti que no te sientas como una yonki en pleno síndrome de abstinencia cuando vuelves al trabajo… porque entonces se supone que no sientes lo que hay que sentir y ¡zas! Entras en el bucle de ser o no ser… una buena madre. Eso sí, consejos a cientos. No hay nada peor que una madre primeriza frente a madres sobradas de experiencia que te invaden de posturas, acciones, medidas, cantidades y razones todas distintas pero totalmente validas a tu nuevo trabajo a perpetuidad. Además, todas confiesan en un alarde de fraternización femenina, que pasaron por lo mismo que tú [cosa que no dijeron antes no vaya a ser que…].

El caso es que para mí ha sido un alivio y una inspiración el encontrarme con una madre totalmente sincera que no sabe muy bien cómo funciona esto todavía, que no sabe si repetirá porque las ha pasado canutas y lo dice, que sigue siendo mujer e independiente por encima de todo y además, su hijo le cae genial. Y es que reza el dicho que nadie nace enseñado, ni siquiera una madre, aunque de esta, no haya más que una.

26 de octubre de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Del 1 al 21, Ingenuidad.


Dicen que 21 días es lo que necesita el cerebro para hacer de una acción concreta, un hábito. El pastor Will Bowen decidió aplicar esta teoría con sus parroquianos y propuso en sus sermones matutinos permanecer 21 días sin hablar mal de nadie, ni quejarse, ni criticar. Acabada la propuesta, envío a cada oveja a su corral y espero 21 puros y castos días para ver el resultado. Cuentan que después del celibato, los feligreses que se habían prestado al reto eran mucho más felices, más honrados y con mejor salud. Curioso.

Escéptica como soy y después de leer tan bella historia, decidí aplicarme el cuento e intentar durante 21 días gestionar, desde el punto de vista parroquial, dos de mis grandes defectos: El miedo a conducir y el pensar mal de todo el mundo. Así que aquí me tenéis, conduciendo entre temblores e intentando, y no sabéis lo que me cuesta, no fusilar mentalmente a las personas.

Debo decir que si bien el primer hándicap de mi vida evoluciona favorablemente y la decisión de no tener miedo al volante parece dar sus frutos, con la segunda parte de la terapia, la cosa no va tan bien como me esperaba. Porque me he dado cuenta de que si eliminas el mal pensar ¡te conviertes en una ingenua! ¡A mi edad! ¡Y con lo que me ha costado afinar el sentido! En fin, creo que entre el esfuerzo mental y los palos que me llevo, más que un hábito esto es una penitencia por cínica. Pero porque todo sea para ser más feliz, más honrada y con una salud de hierro, os presento un par de casos clínicos y su evolución, no vaya a ser que yo soy muy mía y además poco objetiva.

Caso 1
Localización: Tren con destino a Villa Lebou.
Sujetos: yo + parejita de enamorados (subespecie: Babosa-cariñosa).
Pensamiento Pre sermón Bowen: Si, si tú ves dándole besos a este gualtrapa que te va a salir el tiro por la culata. Si sólo hay que verle para saber que es un celoso posesivo y además gilipollas. (¡Eh! No cuenta como insulto porque es un pensamiento).
Pensamiento terapéutico: Mira como la quiere, que monos, que felices. Amor de juventud.
Realidad: El chico le decía con considerable cabreo a su “amada” que le prohibía ir al viaje de fin de curso porque seguro que allí, se liaría con cualquiera.
Resultado: 1-0 a favor de la cínica.

Caso 2
Localización: Otro tren, mismo destino.
Sujetos: yo + niña de unos 2 ó 3 años.
Pensamiento Pre sermón Bowen: Con lo cansada que estoy y encima la enana esta me va a dar el viaje.
Pensamiento terapéutico: que niña más bonita ahí sentadita con su mamá.
Realidad: 40 minutos de rabieta y gritos.
Resultado: 2-0 a favor de la cínica y unas ganas inmensas de meterle al cura yanqui el hábito por las nalgas.


Y podría seguir exponiendo casos en busca de segundas opiniones hasta cansarme porque si algo bueno te da la ingenuidad forzada, aparte de la cantidad de expresiones de sorpresa que eres capaz de combinar, es la certeza de que en mi caso, el cinismo es una cualidad mal entendida. Si es que la verdad, no sé porque me meto en experimentos clericales sin chichonera con lo fácil y predecible que es mi mundo con semejante don. Efectivo y curtidor frente a la desilusión ¿se puede pedir más?
¿Y qué hay de vosotros? ¿Os atrevéis con la teoría del 21?

P.D: Parroquia del pastor Will Bowen, algún lugar de América

Estimado señor Bowen,
Debido al trauma que sufro después de aplicar durante 15 días sus teorías, creo sinceramente que el bien pensar no está hecho para una persona de mis virtudes. Así que le mando mi renuncia a su experimento, guardándome los indecoros pensamientos que invaden mi cabeza hacia su persona para mi intimidad, que una puede ser cínica pero educada al fin y al cabo. Vaya en paz.

Atentamente
Ariel Lebou

9 de octubre de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

26 de Sepmtiembre

Soy una persona muy curiosa. Siempre he preguntado todo lo que no entendía y no entiendo, y si no me quedo satisfecha con la respuesta, vuelvo a preguntar. Evidentemente eso me trajo problemas en ciertos momentos de mi vida como en la catequesis, por ejemplo, pero también me ha dado buenos momentos y una buena capacidad de selección en cuanto a compañías se refiere. Personalmente considero que una persona ha alcanzado el nivel de amigo cuando deja de reírse de mis preguntas más sinceras.

Bien, hará unos días compartía con una amiga una interesante conversación en la que intentábamos encontrar que obras literarias definían nuestras vidas. Y si bien grandes nombres como Madame Bovary o la Casa de Bernarda Alba salieron a escena, lo cierto es que desde que ambas cruzamos la frontera de los 30, nuestras vidas han dado un giro que nos arrastra hacia otro tipo de argumentos más propios de 4 bodas y un funeral, Pequeña Miss Sunshine o los amigos de Peter, depende del día, eso sí.

Amparadas en esta nueva temática y diestras como somos en surrealismo e imaginación, no se nos abrieron los poros al recibir una “save the date” desde el otro lado del canal. Al contrario, la unión de tópicos, típicos y ladies desembocó en un ir y venir de probables historias que nos hizo reservar una buena cantidad de memoria en nuestras cámaras esperando el gran día. El gran día llegó y no decepcionó. Cierto que no vimos tantas pamelas como esperábamos, ni llegamos a presenciar los combates a silla partida que creíamos, ni tampoco disfrutamos del marinero más “picarón” de todo el ejército de la Reina Madre, pero el evento dio mucho de sí.

Después de comprobar lo divinas que estábamos y que el gusto inglés sigue siendo una asignatura pendiente, nos dimos cuenta de que una de las gracias de acudir a una boda internacional es que en algún momento te sientes como un embajador de la ONU. Entre croqueta y pincho te encuentras a España hablando animadamente con Holanda mientras Rusia y Bélgica intercambian teléfonos y tiritas, eso sin dejar de lado al país partener, que te ofrece al Gentelman y al Holligan en bandeja de plata o en gabardina, según temporada. Y si bien nunca entenderé el objetivo cultural de hacer girar una servilleta al paso de un plato, estoy segura que jamás comprenderé porque de la parte anglosajona un “viva los novios” de toda la vida sonaba continuamente como un clamor a la guerra. Supongo que ataño tal sorpresa a mi ignorancia poliglota, pero os prometo que durante todo el evento estuve esperando que alguien gritara “a la meleeeeeeeeeeeé”.

Resignada más tarde a escuchar los últimos éxitos de los playeros 80 a intervalos rumberos y comprobar que la concepción del ritmo es tan variable como los pies que lo interpretan, no pude evitar centrar mi atención en otros aspectos más subjetivos de algo tan estigmático como es una boda. Razones para casarse hay muchas, pero la tendencia actual parece centrar su significado en erradicar a los inmigrantes amorosos que invaden tan universal terreno de forma ilegal. Conseguir “los papeles” parece ser ahora la declaración amorosa más factible y si de paso hay amor, mucho mejor. Atrás han quedado los argumentos originales y padres, hipotecados y parejas de hecho se lanzan a la practicidad del matrimonio dejando a Romeo y Julieta como un par de garrulos sensibleros que además, creían en el amor eterno… pardillos. Claro que tampoco les falta razón a aquellos que consiguen los papeles post pecado concebido ya que visto lo visto, y costando lo que cuesta, son pocos los que se arriesgan a liarla en nombre de la perpetuidad.

Afortunadamente en mi ranking de bodas el amor gana 3 a 1, incluida la mía propia que fue por amor y para siempre, que queréis que os diga, aunque la pardilla se vista de seda … . Me gusta pensar que aún somos un grupo extraño que cree en el compromiso cósmico antes que en el hipotecario, que no le vemos la práctica sino la teoría a eso de colocarse el anillo, que vivimos sin pensar pero creyendo que todo esto será eterno y sólo por eso ¡que vivan los novios! Y para los del 26 de Sepmtiembre en particular ¡a la meleeeeeé!

23 de septiembre de 2009

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Réquiem por Rosie


Vivo rodeada de pre y post padres. Una cantidad ingente de amigos, familiares y conocidos están de 3,5 o 6 meses, y en casos avanzados, ya tiene al sapito/ita en casa. No es que me importe, al contrario, me autoproclamo tía honorífica de todos los recién llegados y aquellos que aún están por venir con toda la ilusión que mi escepticismo alcanza.

Inmersos en esta espiral ilusoria y bien acompañados de Martinis, humo y madrugada, una asistente social, un fotógrafo y yo discutíamos sobre la franja temporal de los 2 a los 18 desde unos críticos 30. Y ya fuera porque uno los retrata, la otra les ayuda y yo los evito, no encontramos argumentos sólidos que nos hicieran enaltecer ninguna de las “maravillosas” cualidades de aquellas que dicen compensar tanta desilusión post epidural.

La nueva era de los quinquis ha llegado y el legado de El vaquilla ahora chatea, twittea, escribe cosas como “¿KDMS N M KS?” y toma la pastilla del día después. Yo he sido adolescente y hasta pre-adolescente si me apuras, pero a los 13 años las niñas éramos niñas y los niños, el enemigo. Mis padres nunca fueron mis “colegas” y en el instituto todos sabíamos que seríamos de mayores porque el “no sé qué hacer con mi vida”, eso, llegaba a los 40. Pues ahora ya no. El mundo acnético se ha vuelto loco. Los de 12 se visten como los de 15, los de 15 actúan como los de 18 y los de 18 hablan con la dejadez de los yonquis de los 80. Movidas aparte, lo que realmente determinaba la preocupación de todo aquel ir y venir de improperios era la gran duda de saber si eran los adolescentes los que perdían su infancia o si éramos nosotros los que nos resistíamos a abandonarla. ¿Son los adolescentes actuales precoces o es la resistencia que tenemos los de los 70 a crecer? ¿Somos una generación de treinta y tantos anclados en los diez y pocos?

Sin embargo, una de las frases que más me impactaron, aquella que dejó mi femenino corazón en un puño, fue la afirmación por parte de la profesional en estos menesteres de que en esta adolescencia actual las “mujercitas” vivían subyugadas a las decisiones, deseos y pseudo amenazas de los “hombrecitos” por voluntad propia. No quiero enaltecer a las feministas y sus extrañas convicciones de que el pelo es liberación, pero a lo largo de la noche no pude dejar de preguntarme en que habíamos fallado. ¿Puede ser que el exceso de libertad merme la revolución evocándola a un retroceso generacional del que conseguimos salir no sin importantes daños colaterales? ¿Que lleva a las futuras mujeres de mi mundo a ignorar el papel que hemos tenido las demás en su historia? ¿Qué ocurrirá si los pre-hombretones se dan cuenta de tal dejadez? ¿Somos nosotras las culpables de esta sentencia por haber permitido que se saltaran la edad de la inocencia para pasar directamente al plato fuerte de la madurez prematura? Sea lo que sea, lo que tengo claro es que tenemos una generación pérdida y que las caperucitas y sus respectivos lobos han vuelto, pero esta vez con la libertad sexual por delante y sin un triste leñador a la vista.

No obstante, ante mí tengo un elenco de orondas posibilidades de subsanación XX, XY. En ellos tengo puestas mis esperanzas para que todo este bypass generacional quede resuelto pero ¿tendrán las futuras madres de este mi futuro la lección bien aprendida o estamos ante un inevitable bucle histórico donde las mujeres deberán demostrar una y otra vez lo que nunca debimos ser? ¿Somos decididamente las mujeres el chivo expiatorio de una historia hecha por y para hombres? ¿Sirvió de algo la lucha? Agárrate al pañuelo Rosie, que vienen curvas.