En cualquier ciudad como en Barcelona…
¿En la variedad esta el gusto?
Una de las cosas que más me emocionan de Barcelona es la variedad… y como dicen que en la variedad esta el gusto, no os podéis imaginar lo mucho que me gusta mi ciudad.
Solo tienes que levantar la vista y BUMMM! Cientos de personas se agolpan en tus retinas deseosas de ser clasificadas. Y ai de aquel que me llame clasista, que no halla dirigido su lengua viperina contra cierto personajillo anónimo al que vilmente y con alevosía no halla tildado de “garrulo”, “pijo”,”neng” o el más famoso y socorrido “hortera”.
Porque si hay algo que une a la humanidad, ese algo es la capacidad de ver en los demás todos los fallos, carencias y personalidades disponibles a ser juzgadas con toda tranquilidad, y no os engañéis, que todos somos humanos.
Y ahí estoy yo, sentada en plena calle juzgando con mano de hierro a los modernillos, los de mercadillo y a las más codiciadas “fashion victim” de la ciudad condal y para estas en especial… ¡MENOS ES MÁS!
Pero como esto de la variedad tiene lo que tiene, tu círculo justiciero se va cerrando progresivamente hasta que sin darte cuenta tienes en tu punto de mira al amigo de tal, al novio/a de cual o a la última conquista de pascual.
¿Como puede estar con tío como ese? ¿Es que no se da cuenta del ridículo que hace? Uff esta conmigo duraría dos días…
Y es que esto de la variedad me parece a mí que no va a ser tan bueno… porque lo que a tus ojos no es más que un batracio, a los ojos de los demás puede ser el príncipe más azul, el amigo más bueno o simplemente la persona más “in” y más “guay” que jamás hallas conocido. Puede que un día conozcas a esas personas y todos tus juicios se queden en nada, pero haciendo caso omiso a mi intuición (que para algo las mujeres si la tenemos) los sapos que en su día conocí aún se alimentan de moscas.
Así que si me lo permitís, me voy a morder la lengua a ver si me enveneno, que así al menos, no tendré que volver a escuchar aquello de que en la variedad esta el gusto, cada oveja con su pareja o Dios los cría y ellos se juntan. Dicho queda.
10 de noviembre de 2006
27 de octubre de 2006
En cualquier ciudad como en Barcelona…
Mi eterna Distraída
Ayer, cuando mi cuerpo era una olla a presión de mocos, gérmenes y viruses a punto de estallar, me confié a los brazos del señor Renfe para que sin demasiado “retraso” me llevara del trabajo a la cama.
Y a riesgo de parecer monotemática, cual fue mi sorpresa cuando al entrar al vagón (entiéndase por entrar como definición universal al hacerse un hueco entre la muchedumbre enardecida por un asiento y al esquivar empujones como un deportista de élite) me dio la extraña sensación de que las caras de disimulo de la gente no eran una buena señal. Sin embargo, solo tuve que buscar el origen furtivo de aquellas miradas para encontrar la razón de este extendido sentimiento del “no va conmigo”.Allí estaba ella, la reina que toda fábula debe tener… mi eterna distraída.
Ayer en su mundo había una canción, una melodía que ella nos regalaba “tiririríííí tiririruuuuuu, tiririríííí tiririruuuuuuuu” y vuelta a empezar… tiririrííí… pero sonreía y parecía feliz.
Quien sabe, quizá mientras los demás andábamos en un vulgar vagón, ella bailaba en aquel salón donde recibió su primer beso o tal vez ignoramos a una soprano de la época dorada del liceo, o a la cupletista más famosa de un paralelo ya olvidado.
Mi eterna distraída es una mujer mayor, de la edad que tienen todas las mujeres mayores, año arriba, año abajo. Pelo negro, piel canela y en su rostro la lección de que la vida siempre te deja la marca de carmín en la frente.
Pero quizá lo que más me gusta de mi eterna distraída son sus ojos. Pequeños, brillantes y con el ansia de abarcar todos los mundos que pasan frente a ellos. A veces te mira a ti, a veces a alguien que solo a ella acompaña, pero siempre miran, siempre acechan y estoy segura de que siempre, siempre, encuentran lo que estaban buscando.
A la reina de esta fábula no le voy a dar un nombre. Seguro que ya tiene uno, pero para mí, que sea libre para andar por un mundo en el que inexplicablemente a todo se le da un nombre, una razón. Ella podría ser Lola, Paula, Lucía, Antonia o Carmina… pero por suerte, ella es quien le da la gana y para que negarlo, no todos tenemos ese privilegio.
Sin embargo, si algo me resultó extraño de verdad en toda esta historia, no es que ella cantara a gritos sino que la gente que la rodeara disimulara descaradamente como si no la oyeran… ¿como no podían oírla? Nadie le pide a un “cuerdo” que escuche, pero… anular el sentido natural del oído o disimular su función primaria me parece una actitud de un egocentrismo superlativo que escapa a todo mi arsenal de comprensiones y paciencias. Y ahí estábamos todos, la reina cantando, los “cuerdos” disimulando y yo, bueno, yo debatiéndome entre los dos mundos en el refugio de estas palabras… pequeñas, puede ... pero mías.
Mi eterna Distraída
Ayer, cuando mi cuerpo era una olla a presión de mocos, gérmenes y viruses a punto de estallar, me confié a los brazos del señor Renfe para que sin demasiado “retraso” me llevara del trabajo a la cama.
Y a riesgo de parecer monotemática, cual fue mi sorpresa cuando al entrar al vagón (entiéndase por entrar como definición universal al hacerse un hueco entre la muchedumbre enardecida por un asiento y al esquivar empujones como un deportista de élite) me dio la extraña sensación de que las caras de disimulo de la gente no eran una buena señal. Sin embargo, solo tuve que buscar el origen furtivo de aquellas miradas para encontrar la razón de este extendido sentimiento del “no va conmigo”.Allí estaba ella, la reina que toda fábula debe tener… mi eterna distraída.
Ayer en su mundo había una canción, una melodía que ella nos regalaba “tiririríííí tiririruuuuuu, tiririríííí tiririruuuuuuuu” y vuelta a empezar… tiririrííí… pero sonreía y parecía feliz.
Quien sabe, quizá mientras los demás andábamos en un vulgar vagón, ella bailaba en aquel salón donde recibió su primer beso o tal vez ignoramos a una soprano de la época dorada del liceo, o a la cupletista más famosa de un paralelo ya olvidado.
Mi eterna distraída es una mujer mayor, de la edad que tienen todas las mujeres mayores, año arriba, año abajo. Pelo negro, piel canela y en su rostro la lección de que la vida siempre te deja la marca de carmín en la frente.
Pero quizá lo que más me gusta de mi eterna distraída son sus ojos. Pequeños, brillantes y con el ansia de abarcar todos los mundos que pasan frente a ellos. A veces te mira a ti, a veces a alguien que solo a ella acompaña, pero siempre miran, siempre acechan y estoy segura de que siempre, siempre, encuentran lo que estaban buscando.
A la reina de esta fábula no le voy a dar un nombre. Seguro que ya tiene uno, pero para mí, que sea libre para andar por un mundo en el que inexplicablemente a todo se le da un nombre, una razón. Ella podría ser Lola, Paula, Lucía, Antonia o Carmina… pero por suerte, ella es quien le da la gana y para que negarlo, no todos tenemos ese privilegio.
Sin embargo, si algo me resultó extraño de verdad en toda esta historia, no es que ella cantara a gritos sino que la gente que la rodeara disimulara descaradamente como si no la oyeran… ¿como no podían oírla? Nadie le pide a un “cuerdo” que escuche, pero… anular el sentido natural del oído o disimular su función primaria me parece una actitud de un egocentrismo superlativo que escapa a todo mi arsenal de comprensiones y paciencias. Y ahí estábamos todos, la reina cantando, los “cuerdos” disimulando y yo, bueno, yo debatiéndome entre los dos mundos en el refugio de estas palabras… pequeñas, puede ... pero mías.
23 de octubre de 2006
En cualquier ciudad como en ... Madrid
Shopping in Barajas – Mini guía del disfrute en un monumento histórico
Octubre, Barajas Post- Terminal 4 y la irónica sensación de que en esta España algo sigue sin ir bien.
Este sentimiento catártico que todos hemos vivido alguna vez, llega a su clímax cuando los altavoces sentencia a tu vuelo a un retraso, y como quien da las gracias tontamente por ser ahorcado y no desmembrado, suspiras aliviado porque al menos no es Agosto ni tú, un reo del overbooking veraniego.
Ante tal situación, acéptame un consejo; mira a tu alrededor y sumérgete en el exclusivo y delirante universo del Tax-Free. Chanel, lancôme, Ermenegildo Zegna y otras grandes marcas se rendirán a tu Visa y harán de tu retraso un “break” y de tu cabreo un nuevo concepto de “savoir faire”, ¡Palabra! (pequeña, por supuesto)
Shopping in Barajas – Mini guía del disfrute en un monumento histórico
Octubre, Barajas Post- Terminal 4 y la irónica sensación de que en esta España algo sigue sin ir bien.
Este sentimiento catártico que todos hemos vivido alguna vez, llega a su clímax cuando los altavoces sentencia a tu vuelo a un retraso, y como quien da las gracias tontamente por ser ahorcado y no desmembrado, suspiras aliviado porque al menos no es Agosto ni tú, un reo del overbooking veraniego.
Ante tal situación, acéptame un consejo; mira a tu alrededor y sumérgete en el exclusivo y delirante universo del Tax-Free. Chanel, lancôme, Ermenegildo Zegna y otras grandes marcas se rendirán a tu Visa y harán de tu retraso un “break” y de tu cabreo un nuevo concepto de “savoir faire”, ¡Palabra! (pequeña, por supuesto)
19 de octubre de 2006
En cualquier ciudad como en Barcelona…
Yo tengo una casa
Yo tengo una casa que es mía…mía, y de un sueño.
En mi casa vive un perro eterno, un gato de cuerpo prestado y un dragón sin cola.
En ella, las flores calzan botas y en el tejado, shhhhhhhh ...duerme el mar más dulce.
Vienen y van las hormigas gigantes por un jardín de sube y baja, allí, donde las piedras te guiñan el ojo.
Me siento y miro, observo y aspiro el olor a mío porque yo tengo una casa que es mía…mía, y de un sueño.
Yo tengo una casa
Yo tengo una casa que es mía…mía, y de un sueño.
En mi casa vive un perro eterno, un gato de cuerpo prestado y un dragón sin cola.
En ella, las flores calzan botas y en el tejado, shhhhhhhh ...duerme el mar más dulce.
Vienen y van las hormigas gigantes por un jardín de sube y baja, allí, donde las piedras te guiñan el ojo.
Me siento y miro, observo y aspiro el olor a mío porque yo tengo una casa que es mía…mía, y de un sueño.
17 de octubre de 2006
En cualquier ciudad como en … Zarauz
Los insurrectos cerebrales
Sol, playa, surf y cuerpos masculinos paisanos de los archifamosos bomberos de Bilbao… ante tales perspectivas, un fin de semana en esta hermosa localidad vasca suena a paraíso. Sin embargo, la cruda realidad no llega más allá de unas considerables agujetas (por aquello del surf), una resaca de manual (por aquello del txacoli) y unos kilos de más cortesía de la cultura del pintxo.
Y es que no se en que momento este fin de semana surfero se me fue de las manos. Porque el objetivo estaba claro: 6 horas de coche, 20 euros en peajes y dos días de surfear sin parar… pues algo ha fallado entre el surfear y el sin parar porque mi cuerpo ha experimentado una transformación que le ha convertido en dueño y señor de todas mis intenciones. Y es que dicen por ahí, que el cerebro humano reacciona instintivamente al esfuerzo, enviando señales de escape al cuerpo para que este se mantenga en reposo: Que si tengo agujetas, que si estoy cansada, que si mi neopreno esta mojado. En conclusión que me he rendido a mis excusas cerebrales con la misma facilidad con la que me rindo a un Martini, lenta y placidamente.
¿Será que los humanos no estamos hechos para el exceso de movimiento? ¿Estamos condenados a la pasividad? ¿Estará el hombre subyugado a la contemplación?
Lo pensaré. Mientras, seguiré disfrutando de mi Zurito mientras observo a los insurrectos cerebrales, que haciendo caso omiso a la madre naturaleza, se empeñan en demostrarnos a los demás que las agujetas son una tontería y las excusas, palabras de débiles… pequeñas, eso si. Agur!!
Los insurrectos cerebrales
Sol, playa, surf y cuerpos masculinos paisanos de los archifamosos bomberos de Bilbao… ante tales perspectivas, un fin de semana en esta hermosa localidad vasca suena a paraíso. Sin embargo, la cruda realidad no llega más allá de unas considerables agujetas (por aquello del surf), una resaca de manual (por aquello del txacoli) y unos kilos de más cortesía de la cultura del pintxo.
Y es que no se en que momento este fin de semana surfero se me fue de las manos. Porque el objetivo estaba claro: 6 horas de coche, 20 euros en peajes y dos días de surfear sin parar… pues algo ha fallado entre el surfear y el sin parar porque mi cuerpo ha experimentado una transformación que le ha convertido en dueño y señor de todas mis intenciones. Y es que dicen por ahí, que el cerebro humano reacciona instintivamente al esfuerzo, enviando señales de escape al cuerpo para que este se mantenga en reposo: Que si tengo agujetas, que si estoy cansada, que si mi neopreno esta mojado. En conclusión que me he rendido a mis excusas cerebrales con la misma facilidad con la que me rindo a un Martini, lenta y placidamente.
¿Será que los humanos no estamos hechos para el exceso de movimiento? ¿Estamos condenados a la pasividad? ¿Estará el hombre subyugado a la contemplación?
Lo pensaré. Mientras, seguiré disfrutando de mi Zurito mientras observo a los insurrectos cerebrales, que haciendo caso omiso a la madre naturaleza, se empeñan en demostrarnos a los demás que las agujetas son una tontería y las excusas, palabras de débiles… pequeñas, eso si. Agur!!
29 de septiembre de 2006
En cualquier ciudad como en Barcelona ...
Mis adorables … ¿“Distraídos”?
Hará un par de días leí esto en el blogg de un amigo: “Hace tiempo que notaba que me faltaba algo, me sentía vacío, y después de ir a muchos psicólogos y de intentar que los goles del Barça me emocionaran igual que a mis amigos, me he dado cuenta que lo que me faltaba era la hipoteca. Gracias a la hipoteca, acetopih al revés, ya soy como todos, una persona de estar por casa.” La verdad Olmo, así es como se llama mi amigo, no podría estar más de acuerdo.
Y como buena treinteañera, mileurista y víctima de la generación garrapata, mi vida se debe al tren de cercanías y a los 45 kilómetros que separan a mi hermosa Barcelona de la no tan hermosa hipoteca... mía, eso si.
Pero como dijo aquel gran sabio “al mal tiempo buena cara”. Gracias al tiempo que diligentemente RENFE me regala a diario he descubierto a quien, con todo mi cariño, me he tomado la libertad (que para algo es mía) de llamarles “Los Distraídos”
Un “distraído” seria aquel que se sienta justo a tu lado pero su tren nunca va en la misma dirección que la tuya, por que lo de menos para ellos es la dirección. Y allí los tienes, riendo, hablando, cantando, discutiendo, contándose los dientes, las manos… en definitiva, que tienen más vida social que yo actualmente. Eso me da que pensar porque ¿acaso su mundo será mejor que el mío? ¿Los “distraídos” son lo que son porque un día se distrajeron y se dejaron a su amor, a sus hijos, a su infancia en el pasado y nadie les ha avisado? ¿Son aquellos a los que miramos de reojo y ponen al límite nuestra paciencia locos, o por el contrario son poseedores de una libertad “distraída” que podemos llegar a envidiar? ¿ Es un “distraído” un personaje tan solo que los demás le ignoramos obligándole a rodearse de fantasías ( si en verdad lo son)? Yo personalmente les invito a sentarse al lado de un “distraído”, no molestar y simplemente escuchar porque quizás su “cuerdo mundo” se revele contra usted y descubra que no hay nada mejor que ser un “distraído”. Y que nadie se me ofenda si algún día lee estas palabras porque a parte de ser pequeñas, son sin maldad.
Mis adorables … ¿“Distraídos”?
Hará un par de días leí esto en el blogg de un amigo: “Hace tiempo que notaba que me faltaba algo, me sentía vacío, y después de ir a muchos psicólogos y de intentar que los goles del Barça me emocionaran igual que a mis amigos, me he dado cuenta que lo que me faltaba era la hipoteca. Gracias a la hipoteca, acetopih al revés, ya soy como todos, una persona de estar por casa.” La verdad Olmo, así es como se llama mi amigo, no podría estar más de acuerdo.
Y como buena treinteañera, mileurista y víctima de la generación garrapata, mi vida se debe al tren de cercanías y a los 45 kilómetros que separan a mi hermosa Barcelona de la no tan hermosa hipoteca... mía, eso si.
Pero como dijo aquel gran sabio “al mal tiempo buena cara”. Gracias al tiempo que diligentemente RENFE me regala a diario he descubierto a quien, con todo mi cariño, me he tomado la libertad (que para algo es mía) de llamarles “Los Distraídos”
Un “distraído” seria aquel que se sienta justo a tu lado pero su tren nunca va en la misma dirección que la tuya, por que lo de menos para ellos es la dirección. Y allí los tienes, riendo, hablando, cantando, discutiendo, contándose los dientes, las manos… en definitiva, que tienen más vida social que yo actualmente. Eso me da que pensar porque ¿acaso su mundo será mejor que el mío? ¿Los “distraídos” son lo que son porque un día se distrajeron y se dejaron a su amor, a sus hijos, a su infancia en el pasado y nadie les ha avisado? ¿Son aquellos a los que miramos de reojo y ponen al límite nuestra paciencia locos, o por el contrario son poseedores de una libertad “distraída” que podemos llegar a envidiar? ¿ Es un “distraído” un personaje tan solo que los demás le ignoramos obligándole a rodearse de fantasías ( si en verdad lo son)? Yo personalmente les invito a sentarse al lado de un “distraído”, no molestar y simplemente escuchar porque quizás su “cuerdo mundo” se revele contra usted y descubra que no hay nada mejor que ser un “distraído”. Y que nadie se me ofenda si algún día lee estas palabras porque a parte de ser pequeñas, son sin maldad.
18 de septiembre de 2006
En cualquier ciudad como en Barcelona ...
La Reconquista
Septiembre... again
En la vida de todo ser humano que se tercie como Sapiens hay dos épocas anuales en las que, sin una lógica aparente, aparece en nuestra mente la conocida "declaración de intenciones".
la primera, da el pistoletazo de salida con las 12 campanadas de fin de año ( véase que la valentía de dichas intenciones es directamente proporcional al nivel de euforia etílica del momento). la segunda, sin embargo, aparece ahora como una reafirmación consoladora a la fallida operación bikini, al gimnasio, al "dejo de fumar" y a todas aquellas barbaridades auto-destructivas que nos planteamos meses atrás sabiendo a ciencia cierta que jamás las ibamos a cumplir.
Y de nuevo tenemos aquí al rutinario y realista septiembre. Sin embargo, si hay una palabra que define este mes, esta es sin duda alguna "reconquista".
La huida
Reconozcámoslo, somos unos desertores, unos cobardes. Llegado el bochornoso calor, nuestras calles experimentan la tranformación que todo hijo de vecino teme a lo largo del año. los gloriosos 70's de suecas medio desnudas y machos ibéricos han dado paso a un fenómeno cuanto menos estresante en nuestros dias," el guirileo". Nos invaden en masa, se les distingue, se les huele a distancia y en consecuencia, Barcelona sufre una estampida urbanita amparada en el instinto innato de la supervivencia.
Porque no nos engañemos, un guiri NO es un turista.Al turista se le respeta por mucho calcetín y chancla que lleve. El turista visita la ciudad, se interesa por lo que ve y lo más importante, por lo que hace. Aparecen en pequeños grupos y en constante flujo, lo que a nuestra percepción le parece exquisito.Hacen a la ciudad cada día un poco más "in" y para que negarlo, hay mucha gente que vive de sus ingresos.
El guiri, sin embargo, aparece en masa invadiendo calles,playas,locales, transportes y todo aquello que sea factible a la invasión. No importa a que se dedique en su país de origen, en cuanto se planta las chanclas y la camiseta de fútbol del equipo condal su alter ego se transforma hasta convertirle en un especimen que limita su existencia a 4 grandes grupos básicos: Sol, fiesta, alcohol y sexo. Para ellos parecen estar hechas las canciones del verano, las carpas abarrotadas, los chiringuitos , las paellas a precios desorbitados y las fiestas de la espuma. Increible o no, ya estan aquiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Los irreductibles
El urbanita irreductible seria aquel que pese a convivir con rostros enrojecidos, playas atestadas y aroma a bronceador, es capaz de disfrutar de la ciudad sin perder un apice de estilo. A ellos debemos, ya sea por vocación o por necesidad, su permanencia en la ciudad demostrando a todos que al fin y al cabo, si no puedes con el enemigo, mejor unete a él... quien sabe, quizá un vergonzoso affaire "made in guiri" te alegre el verano.
la reconquista
Por suerte o por desgracia dice el refran que el tiempo pone las cosas en su lugar y sin poder evitarlo, llega de nuevo Septiembre. Es entonces cuando los urbanitas volvemos de nuestro exilio a reconquistar la ciudad. nos sentimos poderosos por haber huido a tiempo de la invasión y más por volver a ocupar algo que queramos o no sentimos nuestro. Respiramos de nuevo el stress, la rutina ,los atascos, las colecciones inútiles que inundan los quioscos y todas aquellas cosas que posiblemente maldeciremos pasados 15 días, pero para que negarlo ... nos encanta.
La Reconquista
Septiembre... again
En la vida de todo ser humano que se tercie como Sapiens hay dos épocas anuales en las que, sin una lógica aparente, aparece en nuestra mente la conocida "declaración de intenciones".
la primera, da el pistoletazo de salida con las 12 campanadas de fin de año ( véase que la valentía de dichas intenciones es directamente proporcional al nivel de euforia etílica del momento). la segunda, sin embargo, aparece ahora como una reafirmación consoladora a la fallida operación bikini, al gimnasio, al "dejo de fumar" y a todas aquellas barbaridades auto-destructivas que nos planteamos meses atrás sabiendo a ciencia cierta que jamás las ibamos a cumplir.
Y de nuevo tenemos aquí al rutinario y realista septiembre. Sin embargo, si hay una palabra que define este mes, esta es sin duda alguna "reconquista".
La huida
Reconozcámoslo, somos unos desertores, unos cobardes. Llegado el bochornoso calor, nuestras calles experimentan la tranformación que todo hijo de vecino teme a lo largo del año. los gloriosos 70's de suecas medio desnudas y machos ibéricos han dado paso a un fenómeno cuanto menos estresante en nuestros dias," el guirileo". Nos invaden en masa, se les distingue, se les huele a distancia y en consecuencia, Barcelona sufre una estampida urbanita amparada en el instinto innato de la supervivencia.
Porque no nos engañemos, un guiri NO es un turista.Al turista se le respeta por mucho calcetín y chancla que lleve. El turista visita la ciudad, se interesa por lo que ve y lo más importante, por lo que hace. Aparecen en pequeños grupos y en constante flujo, lo que a nuestra percepción le parece exquisito.Hacen a la ciudad cada día un poco más "in" y para que negarlo, hay mucha gente que vive de sus ingresos.
El guiri, sin embargo, aparece en masa invadiendo calles,playas,locales, transportes y todo aquello que sea factible a la invasión. No importa a que se dedique en su país de origen, en cuanto se planta las chanclas y la camiseta de fútbol del equipo condal su alter ego se transforma hasta convertirle en un especimen que limita su existencia a 4 grandes grupos básicos: Sol, fiesta, alcohol y sexo. Para ellos parecen estar hechas las canciones del verano, las carpas abarrotadas, los chiringuitos , las paellas a precios desorbitados y las fiestas de la espuma. Increible o no, ya estan aquiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Los irreductibles
El urbanita irreductible seria aquel que pese a convivir con rostros enrojecidos, playas atestadas y aroma a bronceador, es capaz de disfrutar de la ciudad sin perder un apice de estilo. A ellos debemos, ya sea por vocación o por necesidad, su permanencia en la ciudad demostrando a todos que al fin y al cabo, si no puedes con el enemigo, mejor unete a él... quien sabe, quizá un vergonzoso affaire "made in guiri" te alegre el verano.
la reconquista
Por suerte o por desgracia dice el refran que el tiempo pone las cosas en su lugar y sin poder evitarlo, llega de nuevo Septiembre. Es entonces cuando los urbanitas volvemos de nuestro exilio a reconquistar la ciudad. nos sentimos poderosos por haber huido a tiempo de la invasión y más por volver a ocupar algo que queramos o no sentimos nuestro. Respiramos de nuevo el stress, la rutina ,los atascos, las colecciones inútiles que inundan los quioscos y todas aquellas cosas que posiblemente maldeciremos pasados 15 días, pero para que negarlo ... nos encanta.
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