27 de enero de 2011
La Furia de Pandora
Encontrarte un Martes a las 6 de la mañana a -2, tirada en una estación porque al maquinista de tu tren no le parece suficientemente cómodo su asiento, es algo que te hace empezar el día teniendo la película “un día de furia” como dogma de vida. Que luego me dejen en tierra de nadie durante 40 minutos más tampoco ayuda la verdad y mucho menos, si tengo que vivir las enervaciones ajenas de aquellos que como yo, comparten hastío, madrugada y mala leche.
Que si señor maquinista, que quizá usted tenga toda la razón del mundo, pero hombre, las cosas así no se hacen, que eso de copiar a la elite de los cielos es muy vulgar, un poco de imaginación sublevadora … una huelga nipona nos iría de perlas, por ejemplo.
Que si señora, que usted también tiene toda la razón, que no hay derecho, que no pueden seguir tratando a la gente así, que ya está bien, diga que si señora que su tiempo no hay quien lo pague, que esto es el tercer mundo… Jesús lo que cabe en ese cuerpecito.
Si buen hombre, ya sé que la culpa es de los políticos, mucha crisis, mucha crisis ¡ladrones, que son todos unos ladrones! Y ya le digo que no le falta razón, esto en Europa no pasa ¿le digo que estamos en Europa? No, mejor no. Pues así, hora y media. Estoy por encenderme un cigarro y dejar que me persigan con antorchas y palos haber si desviando la atención…
El caso es que abrir la caja de Pandora siempre ha sido peligroso y mucho me temo que a día de hoy ya estamos en jornada de puertas abiertas, un pasen y vean, un aún hay más. La gente a pasado de estar preocupada a estar furiosa, de ir tirando a sólo ir y en este mundo del sálvese quien pueda, ni a la diosa se le escapa que quizá ha llegado el momento de echar la llave. Estamos exhaustos, perdidos y acojonados ¿Así que, qué me dices Pandora? ¿Te marcas una ERE?
25 de enero de 2011
9 de diciembre de 2010
En cualquier ciudad como en Barcelona…
Sumun Odium
Un día una bruja me dijo que yo era una criatura muy antigua, así, tal cual. No había acudido a una cita esotérica pre pagada con mi voluntad, ni yo sabía que ella era dama de magia e intuición superlativa pero me dejo a mí y a mi antigüedad presas del escepticismo más descarado que jamás haya sido capaz de demostrar. Al preguntar él porque, me dijo que mis sentimientos era demasiado profundos y que la rabia, la fuerza y el odio me mantenían protegida, pero que aquello, era bueno para mí. Evidentemente no le hice más preguntas ni ella más revelaciones, yo por miedo, y ella por respeto supongo.
De camino a casa, aparte de confirmar y reafirmar mi capacidad para meterme en situaciones surrealistas, no podía parar de darle vueltas a las palabras de aquella “bruja”. ¿Se puede ser persona de odio fácil? ¿Es el odio de verdad una protección y por tanto un buen sentimiento? Y de ser así ¿Quién es el encargado de decidir la inocuidad de lo que sentimos?
Hay personas que son de lágrima fácil, de risa fácil e incluso aquellos que se enamoran fácilmente, y si bien a tales virtudes nadie las malifica, creo injusto que al odio se le mire de reojo. Romeo decía que mucho se puede hacer con el odio, pero mucho más con el amor. Cuánta razón tenía el enamorado universal al citar en la misma frase a sendos sentimientos que comparten, a mi entender, tan fina frontera. Tampoco creo que todos los sentimientos sean buenos y entiendo que el odio no entre en el grupo de los benditos, pero me parecen más exultatemente inapropiados los celos, por ejemplo, o la mala educación.
Si del amor al odio va un paso, a la codicia se la tilda de ambición y a la envidia de admiración ¿somos lo que somos por lo que sentimos o adaptamos su nombre a quien lo siente? ¿Soy una mala persona por odiar sin actuar o puedo tildar a mi odio como una virtud a medio interpretar? ¿y el amor? ¿Es siempre un buen sentimiento o llegamos a odiar lo que amamos como evolución inequívoca del amor?
Dicen que el roce hace el cariño pero me asusta pensar que el cariño hace el odio. Muchas de las amadas fueron odiadas hasta la muerte y muchos de los que se gritan se aman con locura. Quizá la realidad es que no pueda existir un sentimiento sin el otro y yo no sea la única en encontrar fortaleza en sentimientos “inapropiados” al fin y al cabo. Lo que tengo claro es que la bruja nunca fue mal encaminada y que definitivamente con menos amor también se apaña uno ¿no?
30 de marzo de 2010
The mama’s lies
En los años 80 yo escuchaba a Parchís, veía pipi calzaslargas y sufría de lo lindo con Lassie y su perra vida. Más tarde, y en la era post-Naranjito, me pase a Fraggel Rock, a escuchar al gran Michael y a imitar a mi hermana mayor, sus tupes y sus hombreras.
El principio de los 90 fue el reinado de Twin Peaks, el famoso pantalón Boyfriend y el increíble atractivo que tenían, por aquel entonces, un par de gemelos cañonazos llamados Bros. Enmarcado por divertimento tengo el resto por ser una combinación casi perfecta de locuras, risas, lágrimas y agradecidas lagunas mentales.
Todas las épocas marcan un hito en nuestra vida y la gran mayoría de nosotros tenemos la suerte de poder centrar la nuestra en hechos banales que nos hacen reír o entristecernos sin mayores consecuencias. Actualmente estoy viviendo una extraña época de, llámese reflexión, llámese catatonismo cerebral, que por suerte se ve compensada por la vida de los demás. Gracias a ello y por sorpresa, he conseguido definir que es aquello que marcará esta época, el gran hito que recordaré durante mucho tiempo, y ese gran Qué no es más que la Humanización Mamaria.
Siempre había creído que el hecho de ser madre convertía a la mujer en una especie de diosa indestructible, lo que en consecuencia me convertía a mí en una arpía egoísta pro-aborto por incapacidad mental y física de dejar de quererme tanto. Su buen hacer y su entereza materna a prueba de todo me alejaba cada vez más de la divinidad presupuesta hasta que San Predictor quiso que hace 5 meses, mi mejor amiga fuera madre. Tras 9 meses de ¡Qué fuerte!, unos kilos de más y carencia absoluta de antojos (ahí el primer mito al suelo) llegó el momento del parto y con ello, el ingreso al club divino.
Pues cual fue mi sorpresa al comprobar que de divinas nada, que lo que se urde en esto de la maternidad es una ley del silencio muy mal intencionada. Una especie de conspiración genética que hace obviar la información más práctica para enaltecer típicas frases con el único objetivo de que acabemos todas cayendo en la trampa ilusoria de que esto es pan comido. Pero no lo es, porque para empezar ¿Cómo sabes que tu hijo te va a caer bien? o peor ¿y si tu le caes mal? No os conocéis de nada, pero ahí está… esperando a que tu sepas que hacer con él porque él por no saber, no sabe ni quién eres. ¿Y qué hay de la valiosa información físico/psicológica que el club de las madres mantiene bajo llave? ¡Porque esto de no avisar sobre la problemática pezonil es muy feo que lo sepáis! ¿Y esos apósitos elefantinos postparto? ¡Que vale que hay que pasar la cuarentena pero es necesario dinamitar el ego con semejante aberración, que más que una mujer te sientes como un tráiler de ausonia!¿Y no subrayar la impotencia y el sentimiento de espanto frente a un apéndice de tres kilos con nombre que no hace más que hacerte sentir un bicho raro? ¡Eso no se hace! Ah! Y pobre de ti que no te sientas como una yonki en pleno síndrome de abstinencia cuando vuelves al trabajo… porque entonces se supone que no sientes lo que hay que sentir y ¡zas! Entras en el bucle de ser o no ser… una buena madre. Eso sí, consejos a cientos. No hay nada peor que una madre primeriza frente a madres sobradas de experiencia que te invaden de posturas, acciones, medidas, cantidades y razones todas distintas pero totalmente validas a tu nuevo trabajo a perpetuidad. Además, todas confiesan en un alarde de fraternización femenina, que pasaron por lo mismo que tú [cosa que no dijeron antes no vaya a ser que…].
El caso es que para mí ha sido un alivio y una inspiración el encontrarme con una madre totalmente sincera que no sabe muy bien cómo funciona esto todavía, que no sabe si repetirá porque las ha pasado canutas y lo dice, que sigue siendo mujer e independiente por encima de todo y además, su hijo le cae genial. Y es que reza el dicho que nadie nace enseñado, ni siquiera una madre, aunque de esta, no haya más que una.
26 de octubre de 2009
Del 1 al 21, Ingenuidad.
Dicen que 21 días es lo que necesita el cerebro para hacer de una acción concreta, un hábito. El pastor Will Bowen decidió aplicar esta teoría con sus parroquianos y propuso en sus sermones matutinos permanecer 21 días sin hablar mal de nadie, ni quejarse, ni criticar. Acabada la propuesta, envío a cada oveja a su corral y espero 21 puros y castos días para ver el resultado. Cuentan que después del celibato, los feligreses que se habían prestado al reto eran mucho más felices, más honrados y con mejor salud. Curioso.
Escéptica como soy y después de leer tan bella historia, decidí aplicarme el cuento e intentar durante 21 días gestionar, desde el punto de vista parroquial, dos de mis grandes defectos: El miedo a conducir y el pensar mal de todo el mundo. Así que aquí me tenéis, conduciendo entre temblores e intentando, y no sabéis lo que me cuesta, no fusilar mentalmente a las personas.
Debo decir que si bien el primer hándicap de mi vida evoluciona favorablemente y la decisión de no tener miedo al volante parece dar sus frutos, con la segunda parte de la terapia, la cosa no va tan bien como me esperaba. Porque me he dado cuenta de que si eliminas el mal pensar ¡te conviertes en una ingenua! ¡A mi edad! ¡Y con lo que me ha costado afinar el sentido! En fin, creo que entre el esfuerzo mental y los palos que me llevo, más que un hábito esto es una penitencia por cínica. Pero porque todo sea para ser más feliz, más honrada y con una salud de hierro, os presento un par de casos clínicos y su evolución, no vaya a ser que yo soy muy mía y además poco objetiva.
Caso 1
Localización: Tren con destino a Villa Lebou.
Sujetos: yo + parejita de enamorados (subespecie: Babosa-cariñosa).
Pensamiento Pre sermón Bowen: Si, si tú ves dándole besos a este gualtrapa que te va a salir el tiro por la culata. Si sólo hay que verle para saber que es un celoso posesivo y además gilipollas. (¡Eh! No cuenta como insulto porque es un pensamiento).
Pensamiento terapéutico: Mira como la quiere, que monos, que felices. Amor de juventud.
Realidad: El chico le decía con considerable cabreo a su “amada” que le prohibía ir al viaje de fin de curso porque seguro que allí, se liaría con cualquiera.
Resultado: 1-0 a favor de la cínica.
Caso 2
Localización: Otro tren, mismo destino.
Sujetos: yo + niña de unos 2 ó 3 años.
Pensamiento Pre sermón Bowen: Con lo cansada que estoy y encima la enana esta me va a dar el viaje.
Pensamiento terapéutico: que niña más bonita ahí sentadita con su mamá.
Realidad: 40 minutos de rabieta y gritos.
Resultado: 2-0 a favor de la cínica y unas ganas inmensas de meterle al cura yanqui el hábito por las nalgas.
Y podría seguir exponiendo casos en busca de segundas opiniones hasta cansarme porque si algo bueno te da la ingenuidad forzada, aparte de la cantidad de expresiones de sorpresa que eres capaz de combinar, es la certeza de que en mi caso, el cinismo es una cualidad mal entendida. Si es que la verdad, no sé porque me meto en experimentos clericales sin chichonera con lo fácil y predecible que es mi mundo con semejante don. Efectivo y curtidor frente a la desilusión ¿se puede pedir más?
¿Y qué hay de vosotros? ¿Os atrevéis con la teoría del 21?
P.D: Parroquia del pastor Will Bowen, algún lugar de América
Estimado señor Bowen,
Debido al trauma que sufro después de aplicar durante 15 días sus teorías, creo sinceramente que el bien pensar no está hecho para una persona de mis virtudes. Así que le mando mi renuncia a su experimento, guardándome los indecoros pensamientos que invaden mi cabeza hacia su persona para mi intimidad, que una puede ser cínica pero educada al fin y al cabo. Vaya en paz.
Atentamente
Ariel Lebou

