14 de febrero de 2011

27 de enero de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona…

La Furia de Pandora


Encontrarte un Martes a las 6 de la mañana a -2, tirada en una estación porque al maquinista de tu tren no le parece suficientemente cómodo su asiento, es algo que te hace empezar el día teniendo la película “un día de furia” como dogma de vida. Que luego me dejen en tierra de nadie durante 40 minutos más tampoco ayuda la verdad y mucho menos, si tengo que vivir las enervaciones ajenas de aquellos que como yo, comparten hastío, madrugada y mala leche.

Que si señor maquinista, que quizá usted tenga toda la razón del mundo, pero hombre, las cosas así no se hacen, que eso de copiar a la elite de los cielos es muy vulgar, un poco de imaginación sublevadora … una huelga nipona nos iría de perlas, por ejemplo.

Que si señora, que usted también tiene toda la razón, que no hay derecho, que no pueden seguir tratando a la gente así, que ya está bien, diga que si señora que su tiempo no hay quien lo pague, que esto es el tercer mundo… Jesús lo que cabe en ese cuerpecito.

Si buen hombre, ya sé que la culpa es de los políticos, mucha crisis, mucha crisis ¡ladrones, que son todos unos ladrones! Y ya le digo que no le falta razón, esto en Europa no pasa ¿le digo que estamos en Europa? No, mejor no. Pues así, hora y media. Estoy por encenderme un cigarro y dejar que me persigan con antorchas y palos haber si desviando la atención…

El caso es que abrir la caja de Pandora siempre ha sido peligroso y mucho me temo que a día de hoy ya estamos en jornada de puertas abiertas, un pasen y vean, un aún hay más. La gente a pasado de estar preocupada a estar furiosa, de ir tirando a sólo ir y en este mundo del sálvese quien pueda, ni a la diosa se le escapa que quizá ha llegado el momento de echar la llave. Estamos exhaustos, perdidos y acojonados ¿Así que, qué me dices Pandora? ¿Te marcas una ERE?

25 de enero de 2011

En cualquier ciudad como en Barcelona ...

1.1
A veces tengo miedo y necesito parar un poco, respirar hondo varias veces y repetirme a mi misma que todo va a estar bien.

16 de diciembre de 2010

9 de diciembre de 2010

En cualquier ciudad como en Barcelona…

Sumun Odium

Un día una bruja me dijo que yo era una criatura muy antigua, así, tal cual. No había acudido a una cita esotérica pre pagada con mi voluntad, ni yo sabía que ella era dama de magia e intuición superlativa pero me dejo a mí y a mi antigüedad presas del escepticismo más descarado que jamás haya sido capaz de demostrar. Al preguntar él porque, me dijo que mis sentimientos era demasiado profundos y que la rabia, la fuerza y el odio me mantenían protegida, pero que aquello, era bueno para mí. Evidentemente no le hice más preguntas ni ella más revelaciones, yo por miedo, y ella por respeto supongo.

De camino a casa, aparte de confirmar y reafirmar mi capacidad para meterme en situaciones surrealistas, no podía parar de darle vueltas a las palabras de aquella “bruja”. ¿Se puede ser persona de odio fácil? ¿Es el odio de verdad una protección y por tanto un buen sentimiento? Y de ser así ¿Quién es el encargado de decidir la inocuidad de lo que sentimos?

Hay personas que son de lágrima fácil, de risa fácil e incluso aquellos que se enamoran fácilmente, y si bien a tales virtudes nadie las malifica, creo injusto que al odio se le mire de reojo. Romeo decía que mucho se puede hacer con el odio, pero mucho más con el amor. Cuánta razón tenía el enamorado universal al citar en la misma frase a sendos sentimientos que comparten, a mi entender, tan fina frontera. Tampoco creo que todos los sentimientos sean buenos y entiendo que el odio no entre en el grupo de los benditos, pero me parecen más exultatemente inapropiados los celos, por ejemplo, o la mala educación.

Si del amor al odio va un paso, a la codicia se la tilda de ambición y a la envidia de admiración ¿somos lo que somos por lo que sentimos o adaptamos su nombre a quien lo siente? ¿Soy una mala persona por odiar sin actuar o puedo tildar a mi odio como una virtud a medio interpretar? ¿y el amor? ¿Es siempre un buen sentimiento o llegamos a odiar lo que amamos como evolución inequívoca del amor?

Dicen que el roce hace el cariño pero me asusta pensar que el cariño hace el odio. Muchas de las amadas fueron odiadas hasta la muerte y muchos de los que se gritan se aman con locura. Quizá la realidad es que no pueda existir un sentimiento sin el otro y yo no sea la única en encontrar fortaleza en sentimientos “inapropiados” al fin y al cabo. Lo que tengo claro es que la bruja nunca fue mal encaminada y que definitivamente con menos amor también se apaña uno ¿no?

7 de julio de 2010

30 de marzo de 2010

En cualquier ciudad como en Barcelona…

The mama’s lies

En los años 80 yo escuchaba a Parchís, veía pipi calzaslargas y sufría de lo lindo con Lassie y su perra vida. Más tarde, y en la era post-Naranjito, me pase a Fraggel Rock, a escuchar al gran Michael y a imitar a mi hermana mayor, sus tupes y sus hombreras.

El principio de los 90 fue el reinado de Twin Peaks, el famoso pantalón Boyfriend y el increíble atractivo que tenían, por aquel entonces, un par de gemelos cañonazos llamados Bros. Enmarcado por divertimento tengo el resto por ser una combinación casi perfecta de locuras, risas, lágrimas y agradecidas lagunas mentales.

Todas las épocas marcan un hito en nuestra vida y la gran mayoría de nosotros tenemos la suerte de poder centrar la nuestra en hechos banales que nos hacen reír o entristecernos sin mayores consecuencias. Actualmente estoy viviendo una extraña época de, llámese reflexión, llámese catatonismo cerebral, que por suerte se ve compensada por la vida de los demás. Gracias a ello y por sorpresa, he conseguido definir que es aquello que marcará esta época, el gran hito que recordaré durante mucho tiempo, y ese gran Qué no es más que la Humanización Mamaria.

Siempre había creído que el hecho de ser madre convertía a la mujer en una especie de diosa indestructible, lo que en consecuencia me convertía a mí en una arpía egoísta pro-aborto por incapacidad mental y física de dejar de quererme tanto. Su buen hacer y su entereza materna a prueba de todo me alejaba cada vez más de la divinidad presupuesta hasta que San Predictor quiso que hace 5 meses, mi mejor amiga fuera madre. Tras 9 meses de ¡Qué fuerte!, unos kilos de más y carencia absoluta de antojos (ahí el primer mito al suelo) llegó el momento del parto y con ello, el ingreso al club divino.

Pues cual fue mi sorpresa al comprobar que de divinas nada, que lo que se urde en esto de la maternidad es una ley del silencio muy mal intencionada. Una especie de conspiración genética que hace obviar la información más práctica para enaltecer típicas frases con el único objetivo de que acabemos todas cayendo en la trampa ilusoria de que esto es pan comido. Pero no lo es, porque para empezar ¿Cómo sabes que tu hijo te va a caer bien? o peor ¿y si tu le caes mal? No os conocéis de nada, pero ahí está… esperando a que tu sepas que hacer con él porque él por no saber, no sabe ni quién eres. ¿Y qué hay de la valiosa información físico/psicológica que el club de las madres mantiene bajo llave? ¡Porque esto de no avisar sobre la problemática pezonil es muy feo que lo sepáis! ¿Y esos apósitos elefantinos postparto? ¡Que vale que hay que pasar la cuarentena pero es necesario dinamitar el ego con semejante aberración, que más que una mujer te sientes como un tráiler de ausonia!¿Y no subrayar la impotencia y el sentimiento de espanto frente a un apéndice de tres kilos con nombre que no hace más que hacerte sentir un bicho raro? ¡Eso no se hace! Ah! Y pobre de ti que no te sientas como una yonki en pleno síndrome de abstinencia cuando vuelves al trabajo… porque entonces se supone que no sientes lo que hay que sentir y ¡zas! Entras en el bucle de ser o no ser… una buena madre. Eso sí, consejos a cientos. No hay nada peor que una madre primeriza frente a madres sobradas de experiencia que te invaden de posturas, acciones, medidas, cantidades y razones todas distintas pero totalmente validas a tu nuevo trabajo a perpetuidad. Además, todas confiesan en un alarde de fraternización femenina, que pasaron por lo mismo que tú [cosa que no dijeron antes no vaya a ser que…].

El caso es que para mí ha sido un alivio y una inspiración el encontrarme con una madre totalmente sincera que no sabe muy bien cómo funciona esto todavía, que no sabe si repetirá porque las ha pasado canutas y lo dice, que sigue siendo mujer e independiente por encima de todo y además, su hijo le cae genial. Y es que reza el dicho que nadie nace enseñado, ni siquiera una madre, aunque de esta, no haya más que una.